ADORACIÓN SUPREMA
LA VERDADERA ADORACIÓN TIENE VIDA EN LAS TRES DIVINAS PERSONAS
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ADORACIÓN SUPREMA
LA VERDADERA ADORACIÓN
TIENE VIDA EN LAS TRES DIVINAS PERSONAS
LIBRO DE CIELO
Volumen 6-11
Diciembre 17, 1903
El Verdadero Espíritu de Adoración consiste en esto:
Que la criatura se pierda a sí misma y se encuentre
En El Ambiente Divino,
y Adore todo lo que Dios Obra,
y que se una con Él.
(1) Continuando mi habitual estado, por pocos instantes he visto al bendito Jesús con la cruz sobre la espalda, en el momento de encontrarse con su Santísima Madre, y yo le he dicho: “Señor, ¿qué cosa hizo tu Madre en este encuentro dolorosísimo?”
(2) Y Él: “Hija mía, no hizo otra cosa que un Acto de Adoración Profundísimo y Simplísimo, y como el Acto por cuanto más simple, tanto más fácil para Unirse con Dios, Espíritu Simplísimo, por eso en este Acto se Fundió En Mí y Continuó lo que Obraba Yo mismo en Mi interior; y esto Me fue sumamente más grato que si me hubiese hecho cualquier otra cosa más grande, porque
El Verdadero Espíritu de Adoración consiste en esto, que la criatura se pierda a sí misma y se encuentre en El Ambiente divino, y Adore todo lo que Obra Dios, y con Él se una. ¿Crees tú que sea verdadera adoración aquella en que la boca adora mientras la mente está en otra parte, o sea, la mente adora y la voluntad está lejos de Mí? O bien, ¿Que una potencia me adora y las otras están todas desordenadas? No, Yo Quiero todo para Mí, y todo lo que le he dado en Mí, y éste es El Acto de Culto y de Adoración más grande que la criatura puede Hacerme”.
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Volumen 16-61
Mayo 13, 1924
La Verdadera Adoración consiste en
el acuerdo de la voluntad humana con La Divina.
El Verdadero Modelo de La Adoración Es La Santísima Trinidad.
(1) Estaba haciendo mis habituales oraciones, y mientras toda me abandonaba en los brazos de la Voluntad Suprema, intentaba hacer en Ella mis adoraciones a la Majestad Divina, y mi Jesús moviéndose en mi interior tomaba mi pobre alma en sus brazos, y elevándola entre el Cielo y la tierra adoraba junto conmigo al Ente Supremo, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, la verdadera y perfecta adoración está en el acuerdo completo de la unión de la Voluntad de Dios con el alma. Por cuanto más el alma hace una su voluntad con la de su Creador, tanto más es completa y perfecta su adoración, y si la voluntad humana no es una con la Divina, mucho más si está de Dios lejana, no se puede decir que es adoración, sino sombra, o bien como una tinta sin color, que no deja ni siquiera el rastro; y si la voluntad humana no está dispuesta a recibir el beso de la unión de la Voluntad Suprema, en vez de adoración puede ser insulto y desprecio. El primer acto de adoración es el de reconocer la Voluntad de su Creador para cumplirla, si esto no está, con las palabras se adora pero con los hechos se insulta y se ofende. Si quieres conocer el verdadero y perfecto modelo de la adoración, ven Conmigo en medio a las Tres Divinas Personas”.
(3) Yo no sé cómo, Jesús me ha estrechado más y me ha elevado más en alto, en medio de una luz interminable. Yo me sentía aniquilar, pero sobre mi aniquilamiento venía sustituida una Vida Divina, que haciendo salir de Sí tantas variadas tintas de belleza, de santidad, de luz, de bondad, de paz, de amor, etc., de modo que mi nada quedaba transformada por aquellas tintas divinas, tanto, de no reconocerse más y de enamorar a Aquél mismo que me había embellecido tanto. Y mi dulce Jesús ha continuado diciéndome:
(4) “Mira hija mía, el primer acto de las Divinas Personas es el acuerdo perfecto de nuestra Voluntad, y está tan unificada nuestra Voluntad, que no se puede discernir cuál sea la Voluntad de Uno o del Otro, tanto que si bien nuestras Personas son distintas, somos Tres, pero la Voluntad es una, y esta Voluntad una produce un acto continuado de perfecta adoración entre las Divinas Personas; la Una adora a la Otra. Este acuerdo de Voluntad produce igualdad de santidad, de luz, de bondad, de belleza, de potencia, de amor, y establece en Nosotros el verdadero Reino del orden y de la paz, dándonos alegrías y felicidad inmensas y bienaventuranzas infinitas. Así que el acuerdo de la voluntad humana con la Divina es el primer anillo de conjunción entre el Creador y la criatura, y de éste descienden en ella como por un canal, las virtudes divinas y producen en ella la verdadera adoración, el perfecto amor hacia su Creador, que elevándose desde dentro del mismo canal de conjunción, Él recibe las varias tintas de las cualidades divinas. Y cada vez que el alma se eleva para sumergirse en esta Voluntad Eterna, tantas variedades de más de belleza divina la embellecen y adquiere. Por eso digo que el alma que hace mi Voluntad es mi entretenimiento y mi contento, y para divertirme estoy con el pincel de mi Voluntad en las manos, y conforme ella se arroja en mi Querer, Yo la retoco y me divierto con imprimirle, con una pincelada mía un rasgo de más de mi belleza, de mi amor, de mi santidad y de todas mis cualidades. Así que para Mí lo mismo es estar en el Cielo que estar en ella, encuentro la misma adoración de las Divinas Personas, mi Voluntad, mi amor; y como a la criatura hay siempre qué poder darle, Yo la hago ahora de hábil pintor y pinto en ella mi imagen, ahora de maestro y le enseño las doctrinas más altas y sublimes, ahora de amante apasionado que doy y quiero amor, en suma, hago y uso de todas las artes para divertirme con ella, y cuando mi amor ofendido por las criaturas no encuentra dónde refugiarse, a dónde huir de aquellos que me persiguen para darme muerte, o bien me obligan a tomar el camino de regreso a los Cielos, Yo me refugio en el alma que contiene en ella mi Voluntad, y encuentro mi potencia que me defiende, mi amor que me ama, mi paz que me da reposo, encuentro todo lo que quiero. Mi Voluntad reúne todo junto, Cielo y tierra, y todos los bienes, y forma de ellos uno solo, y de éste solo brotan todos los bienes posibles e imaginables; así que el alma que hace mi Voluntad, puedo decir que es el todo para Mí, y Yo soy el todo para ella”.
(5) Luego mi amable Jesús se ha retirado en el fondo de mi corazón y ha desaparecido, y yo he quedado reconfortada, sí, reforzada, pero en poder del dolor de haber quedado privada de Él y de no haberle dicho ni siquiera una palabra de mi duro estado. ¡Ah sí, cuando se está con Jesús el alma se ilusiona de deber poseerlo para siempre, y no siente necesidad de nada, desaparecen todos los males, y con Jesús todos los bienes salen en campo, pero en cuanto Él se sustrae, los males regresan y el dolor de la privación afila más su lanza, la cual desgarrando sin piedad el pobre corazón, vuelve siempre nuevo y más intenso su dolor. Mientras estaba en esto, mi Jesús ha reaparecido y me decía que tenía su corazón todo herido como por mil lanzas, y me ha dicho:
(6) “Hija mía, estas heridas me las has hecho tú a mi corazón. Conforme tú me llamabas me herías, conforme te recordabas que estabas privada de Mí me repetías las heridas, y conforme sufrías por mi privación, otras heridas agregabas”.
(7) Yo al oír esto he dicho: “Amor mío, si supieras cómo me sangra el corazón por causa tuya y cómo me lo siento herido e irritado por tu privación, que no puedo más; así que me lo siento herido más yo que Tú”.
(8) Y Jesús: “Pues bien, veamos quién contiene más heridas, tú o Yo”.
(9) Entonces Jesús ha visitado el interior de mi alma, y luego ha hecho la comparación entre yo y Él para ver quién tenía más heridas, yo o Jesús. Con mi sorpresa he visto que Jesús tenía más heridas que yo, si bien yo tenía bastantes. Y Jesús ha agregado:
(10) “Has visto que Yo estoy herido más que tú, pero has de saber que hay varios vacíos de amor por mi privación, pero no temas, porque Yo tomaré la tarea de llenarlos, porque Yo sé que no puedes hacer lo que haces cuando estoy Yo junto contigo, por tanto, no habiendo en ti voluntad de formar esos vacíos de amor, tu Jesús se ocupará en llenarlos, bastará un solo vuelo que te haga hacer en mi Voluntad para ponernos de acuerdo en el amor, de manera que desbordando fuera este amor, corra para bien de nuestros hermanos. Por eso déjame hacer y confía en Mí”.
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Volumen 19-12
Abril 16, 1926
Para Vivir En El Divino Querer se necesita el pleno abandono
En Los Brazos del Padre Celestial.
La nada debe ceder la vida al Todo.
(1) Me sentía tan pequeña e incapaz de hacer nada, que he llamado en mi ayuda a mi Reina Mamá, a fin de que juntas pudiésemos amar, adorar, glorificar a mi sumo y único Bien por todos y a nombre de todos. Mientras estaba en esto me he encontrado en una inmensidad de luz y toda abandonada en los brazos de mi Padre Celestial, más bien tan fundida como si formase una sola cosa con Él, de modo que no sentía más mi vida sino la de Dios. Pero, ¿Quién puede decir lo que sentía y hacía? Después de esto mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que has sentido, tu pleno abandono en los brazos de nuestro Padre Celestial, el no sentir más tu misma vida, es la imagen del vivir en Mi Querer, porque para vivir en Él se debe vivir más de Dios que de sí misma, más bien, la nada debe ceder la vida al Todo para poder hacer todo, y tener su acto en la cima de todos los actos de cada una de las criaturas. Así fue la Vida de mi Mamá Divina, Ella fue la verdadera imagen del vivir en mi Querer, su vivir fue tan perfecto en Él, que no hacía otra cosa que recibir continuamente de Dios lo que le convenía hacer para vivir en el Supremo Querer, así que recibía el acto de la adoración suprema, para poderse poner en la cima de cada adoración que todas las criaturas estaban obligadas a hacer hacia su Creador, porque
La Verdadera Adoración tiene Vida en Las Tres Divinas Personas:
Nuestra Concordia Perfecta, Nuestro Amor Mutuo, Nuestra Única Voluntad,
Forman La Adoración más Profunda y Perfecta En La Trinidad Sacrosanta.
Por lo tanto, si la criatura me adora y su voluntad no está en acuerdo Conmigo, es palabra vana pero no adoración. Por eso mi Mamá todo tomaba de Nosotros, para poderse difundir en todo y ponerse en la cima de cada acto de criatura, en la cima de cada amor, de cada paso, de cada palabra, de cada pensamiento, en la cima de cada cosa creada. Ella ponía su acto primero sobre todas las cosas y esto le dio el derecho de Reina de todos y de todo, y superó en santidad, en amor, en gracia, a todos los santos que han sido y serán y a todos los ángeles unidos juntos. El Creador se vertió sobre de Ella para darle tanto amor, para que tuviera amor suficiente para poderlo amar por todos, le comunicó la suma concordia y la Voluntad única de las Tres Divinas Personas, de modo que pudo adorar en modo divino por todos y suplir a todos los deberes de las criaturas; si esto no hubiese sido así, no sería una verdad que la Mamá Celestial superó a todos en la santidad, y en el amor, sino un modo de decir, pero Nosotros cuando hablamos, son hechos y no palabras. Por eso todo encontramos en Ella, y así habiendo encontrado todo y a todos, todo le dimos, constituyéndola Reina y Madre del mismo Creador.
(3) Ahora hija de mi Suprema Voluntad, quien quiere todo debe encerrar todo y ponerse en la cima, como acto primero de los actos de todos, así que el alma debe estar en la cima de cada amor, de cada adoración, de cada gloria de cada una de las criaturas. Mi Voluntad es todo, he aquí por qué la misión de la Soberana Reina y la tuya se puede decir que es una sola, y tú debes seguir paso a paso el modo como Ella estaba con Dios para poder recibir la capacidad divina, para poder tener en ti un amor que dice amor por todos, una adoración que adora por todos, una gloria que se difunde por todas las cosas creadas. Tú debes ser nuestro eco, el eco de mi Mamá Celestial; y porque solamente Ella vivió perfecta y plenamente en el Supremo Querer, por eso te puede ser guía y hacerte de maestra. ¡Ah, si tú supieras con cuánto amor te estoy alrededor, con cuánto celo te vigilo a fin de que no sea interrumpido tu vivir en mi eterno Querer! Tú debes saber que estoy haciendo más contigo que con mi misma Mamá Celestial, porque Ella no tenía tus necesidades, ni tendencias, ni pasiones que pudiesen mínimamente impedir el curso de mi Voluntad en Ella, con suma facilidad el Creador se vertía en Ella y Ella en Él, así que mi Voluntad estaba siempre triunfante en Ella, por eso no tenía necesidad ni de empujarla ni de amonestaciones; en cambio contigo debo tener más atención, y cuando veo que alguna pasioncilla, alguna pequeña tendencia quiere surgir en ti, y también cuando tu voluntad humana quisiera tener algún acto de vida propia en ti, debo amonestarte, la potencia de mi Querer debe estar en acto de demoler lo que surge en ti y que no le pertenece a Él, y mi gracia y mi amor deben correr en aquello podrido que la voluntad humana va formando, o bien impedir con gracias anticipadas que esta podredumbre se pueda formar en tu alma, porque Yo amo tanto, me cuesta tanto el alma en la cual reina mi Querer y en la cual tiene su campo de acción divina el Fiat Supremo, fin único de toda la Creación y de la misma Redención, que la amo y me cuesta más que toda la Creación y que la misma Redención, porque la Creación fue el principio de nuestra obra hacia las criaturas, la Redención fue el medio, el Fiat será el final, y las obras cuando están cumplidas se aman más y adquieren el valor completo. Mientras que una obra no está cumplida hay siempre qué hacer, qué trabajar, qué sufrir, no se puede calcular su justo valor, en cambio cuando está cumplida solamente queda el poseer y el gozar la obra hecha, y su valor completo viene a completar la gloria de Aquél que la ha formado, por eso la Creación y la Redención deben encerrarse en el Fiat Supremo. ¿Ves entonces cuánto me cuestas y cuánto siento amarte? El Fiat obrante y triunfante en la criatura es para Nosotros la cosa más grande, porque la gloria que Nosotros habíamos establecido recibir por medio de la Creación nos viene dada, nuestro fin, nuestros derechos, adquieren su pleno poder. He aquí por qué mis premuras todas para ti, mis manifestaciones a ti, mi amor por toda la Creación y Redención, todo concentrado en ti, porque en ti quiero ver el triunfo de mi Voluntad”.
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Volumen 19-24
Mayo 27, 1926
El Querer Divino
envuelve todo y a todos En La Unidad de Su Luz.
Cómo toda La Creación posee La Unidad,
y quien debe Vivir En El Querer Divino posee esta Unidad.
(1) Estaba haciendo mis acostumbrados actos en el Querer Supremo, y una luz inaccesible envolvía mi pequeño ser, y haciéndome como presentes todas las obras de mi Creador, yo tenía un “te amo” por cada cosa creada, un movimiento por cada movimiento, una adoración y un gracias de reconocimiento por toda la Creación; sin embargo comprendía que era la misma luz la que me suministraba aquel te amo por cada cosa, aquel movimiento, aquella adoración, yo sólo estaba en poder de la luz y ella me engrandecía, me empequeñecía y hacía de mi pequeñez lo que quería. Ahora, mientras me encontraba en este estado, yo estaba doliente porque no veía a mi dulce Jesús y pensaba entre mí: “Jesús me ha dejado, y en esta bendita luz yo no sé hacia dónde volver mis pasos para encontrarlo, porque no se ve ni dónde comienza ni dónde termina; ¡oh luz santa, hazme encontrar a Aquél que es toda mi vida, mi sumo Bien”! Pero mientras me desahogaba por el dolor de la privación de Jesús, todo bondad ha salido de dentro de mi interior, y todo ternura me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿por qué temes? Yo no te dejo, más bien es el Querer Supremo que me eclipsa en ti. La luz de mi Voluntad es interminable, infinita, no se encuentran sus confines, ni dónde comienza ni dónde termina, en cambio mi Humanidad tiene sus confines, sus límites, y por eso siendo mi Humanidad más pequeña que mi Eterna Voluntad, Yo quedo envuelto en Ella y como eclipsado, y mientras estoy contigo doy el campo de acción a mi Querer y gozo de su obrar divino en la pequeñez de tu alma, y preparo una nueva lección que darte para hacerte conocer siempre más las maravillas de mi Supremo Querer; por eso cuando nades en Él está segura de que estoy contigo, más bien hago contigo lo que haces tú, y para darle todo el campo de acción Yo estoy en ti como escondido, para gozarme sus frutos. Ahora, tú debes saber hija mía que la verdadera luz es inseparable; mira, también el sol que está en la atmósfera tiene esta prerrogativa y posee la unidad de la luz, tiene tan compactada a la luz en su esfera, que no pierde ni un átomo, y a pesar de que desciende a lo bajo llenando de luz toda la tierra, la luz no se divide jamás, es tan compacta en sí misma, unida, inseparable, que jamás pierde nada de su luz solar, tan es verdad, que expande sus rayos todos juntos haciendo huir por todas partes de la tierra a las tinieblas, y al retirar su luz retira todos sus rayos, no dejando ni siquiera las huellas de sus átomos. Si la luz del sol fuese divisible, desde hace mucho tiempo se hubiese empobrecido de luz y no tendría más la fuerza para iluminar a toda la tierra, y se podría decir: ‘luz dividida, tierra desolada’. Así que el sol puede cantar victoria y posee toda su fuerza y todos sus efectos en la unidad de su luz, y si la tierra recibe tantos admirables e innumerables efectos, de poderse llamar al sol vida de la tierra, todo esto sucede por la unidad de la luz que posee, que desde hace tantos siglos no ha perdido ni siquiera un átomo de luz de los que Dios le confió, y por esto es siempre triunfante, majestuoso y fijo, siempre estable en alabar en su luz el triunfo y la gloria de la luz eterna de su Creador. Ahora hija mía, el sol es el símbolo de mi Eterno Querer, y si este símbolo posee la unidad de la luz, mucho más mi Voluntad que no es símbolo, sino la realidad de la luz, y el sol se puede llamar la sombra de la luz inaccesible de mi Voluntad. Tú has visto su inmensidad, y que no sólo se ve un globo de luz como en el sol, sino una vastedad inmensa, la cual el ojo humano no puede llegar a ver ni dónde comienza ni dónde termina, sin embargo toda esta interminabilidad de luz es un acto solo del Eterno Querer. Está tan compacta toda esta luz increada, que se vuelve inseparable, indivisible, así que más que sol posee la unidad eterna, en la cual viene fundado el triunfo de Dios y de todas nuestras obras. Ahora, este triunfo de la unidad del Supremo Querer, el centro de su sede, de su trono, es el centro de la Trinidad Sacrosanta, de este centro divino parten sus rayos fulgidísimos e invisten toda la patria celestial, y todos los santos y ángeles están investidos por la unidad de mi Querer, y todos reciben los efectos innumerables, que raptándolos todos a sí, forma de ellos una sola unidad con la unidad suprema de mi Voluntad; estos rayos invisten toda la Creación y forman su unidad con el alma que vive en mi Voluntad. Mira, la unidad de esta luz de mi Voluntad que está en el centro de las Tres Divinas Personas, está ya fijada en ti, así que una es la luz y el acto, una es la Voluntad. Ahora, mientras hagas tus actos en esta unidad, están ya incorporados a aquel acto solo del centro de las Tres Divinas Personas, y la Divinidad está ya contigo para hacer lo que haces tú; la Mamá Celestial, los santos y ángeles y toda la Creación, todos en coro repiten tu acto y sienten los efectos de la Voluntad Suprema. Mira, escucha el prodigio nunca visto de aquel acto solo que llena Cielo y tierra, y que la misma Trinidad, unificándose con la criatura, se pone como primer acto del acto de la criatura”.
(3) Mientras estaba en esto veía la luz eterna fijada en mí, y oía el coro de todo el Cielo y de toda la Creación en su mudo lenguaje, ¿pero quién puede decirlo todo, y lo que comprendía de la unidad de la luz del Supremo Querer? Y Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, cada acto para ser bueno y santo, su principio debe venir de Dios, y he aquí que el alma que vive en mi Querer, en la unidad de esta luz, su adoración, su amor, su movimiento y todo lo que pueda hacer comienza en la Trinidad Divina, así que recibe el principio de sus actos de Dios mismo, y he aquí que su adoración, su amor, su movimiento, es la misma adoración que tienen entre Ellas las Tres Divinas Personas, y el mismo amor recíproco que reina entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; su movimiento es aquel movimiento eterno que jamás cesa y que da movimiento a todos. La unidad de esta luz pone todo en común, y lo que hace Dios hace el alma, y lo que hace el alma hace Dios, Dios por virtud propia, el alma en virtud de la unidad de la luz que la envuelve; por eso el prodigio del vivir en mi Querer es el prodigio de Dios mismo, es prodigio primario, todos los otros prodigios, todas las otras obras, aun buenas y santas, quedan eclipsadas, desaparecen delante a los actos hechos en la unidad de esta luz. Imagínate el sol, que en la unidad de su luz expande sus rayos invadiendo toda la tierra, y a las criaturas que pusieran de frente a la fulgurante luz del sol todas las luces que hay en lo bajo de la tierra, luz eléctrica, luces privadas, por cuantas quisieran poner su luz quedaría mezquina delante al sol, casi como si no existieran, y ninguno se serviría de todas aquellas luces para dar luz a su paso para caminar, a la mano para trabajar, al ojo para ver, sino que todos se servirían del sol y todas aquellas luces quedarían ociosas, sin hacer bien a ninguno. Así son todas las otras obras que no son hechas en la unidad de la luz de mi Querer, son las pequeñas luces delante al gran sol, que casi no se les presta atención; sin embargo aquellas luces que estando el sol no sirven para nada y no hacen ningún bien, desaparecido el sol adquieren su pequeño valor y hacen su pequeño bien, son luz en las tinieblas de la noche, sirven al obrar del hombre, pero jamás son sol, ni pueden hacer el gran bien que puede hacer el sol. El fin de la Creación era, que habiendo salido todas las cosas de dentro de la unidad de esta luz del Fiat Supremo, todas debían quedar en la unidad de Él, sólo la criatura no quiso conocer esta finalidad y salió de la unidad de la luz del sol de mi Querer, y se redujo a mendigar los efectos de esta luz, casi como tierra que mendiga del sol la vegetación y el desarrollo de la semilla que esconde en su seno. ¡Qué dolor hija mía, qué dolor, de rey reducirse a mendigo y mendigar de quien debía estar a su servicio!”
(5) Jesús todo afligido y doliente ha hecho silencio, y yo comprendía todo el dolor que lo traspasaba, sentía en mí su dolor que me penetraba hasta en las más íntimas fibras de mi alma, pero yo quería a cualquier costo aliviar a Jesús, y he regresado a mis acostumbrados actos en la unidad de su Querer, conociendo que Él pasa fácilmente del dolor a la alegría cuando mi pequeñez se sumerge en la luz inaccesible de su Voluntad. Entonces Jesús amaba junto conmigo y el amor ha mitigado su dolor y ha retomado la palabra:
(6) “Hija mía, ya que te estoy creciendo en mi Querer, ¡ah!, no quieras darme jamás este dolor tan traspasante de salir de la unidad de la luz del Fiat Supremo, prométeme, júrame que serás siempre la recién nacida de mi Voluntad”.
(7) Y yo: “Amor mío, consuélate, yo lo prometo, lo juro, y Tú debes prometerme de tenerme siempre en tus brazos y abismada en tu Querer, no debes dejarme jamás si quieres que yo sea siempre, siempre la pequeña hija de tu Voluntad, pues yo tiemblo y temo de mí misma, mucho más, pues por cuanto más hablas de este Querer Supremo, tanto más siento que no soy buena para nada, y la nulidad de mi nada se hace sentir más”. Y Jesús suspirando ha agregado:
(8) “Hija mía, este sentir de más tu nada no se opone al vivir en mi Querer, más bien es un deber tuyo. Todas mis obras están formadas sobre la nada, y por eso el Todo puede hacer lo que quiere. Si el sol tuviera razón y se le preguntase: ‘¿Qué haces de bien? ¿Cuáles son tus efectos? ¿Cuánta luz y calor contienes?’ Respondería: ‘Yo no hago nada, sólo sé que la luz que Dios me dio está investida del Querer Supremo, y hago lo que quiere, me extiendo donde quiere y produzco los efectos que quiere, y mientras hago tanto, yo quedo siempre nada y todo lo hace el Querer Divino en mí’. Y así todas las otras obras mías, toda su gloria es quedar en la nada para dar todo el campo a mi Voluntad para hacerla obrar. Sólo el hombre quiso hacer sin la Voluntad de su Creador, quiso hacer obrar su nada, creyéndose bueno a cualquier cosa; y el Todo, sintiéndose pospuesto por la nada salió del hombre, el cual se redujo de superior a todos, a estar por debajo de todos, por eso haz que tu nada esté siempre en poder de mi Querer si quieres que la unidad de su luz obre en ti y llame a nueva vida la finalidad de la Creación”.
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Voluntad 33-41
Junio 10, 1935
Lluvia de Amor que Nuestro Señor derrama
de dentro de las cosas Creadas sobre las criaturas,
y cómo se Biloca en ellas, y se ve igualado en Su Amor.
(1) Estaba haciendo mi giro en los actos de la Divina Voluntad, pero mientras esto hacía sentía que me llovía encima una lluvia de actos de amor que me hacía mi dulce Jesús. Así que conforme giraba en el sol, en el cielo, en el viento, y en todas las otras cosas creadas, así me llovían múltiples actos de amor. Ser amado por Dios es la más grande de las felicidades, es la gloria más bella que se puede encontrar en el Cielo y en la tierra, y también yo sentía la necesidad extrema de amarlo, y ¡oh! cómo quisiera ser el mismo Jesús para hacerle también yo mi lluvia de amor. ¡Pero qué! Sentía una gran distancia, porque en Él eran hechas obras reales, pero yo, pobrecita, debía servirme de sus obras para decirle que lo amaba, así que todo mi amor se reducía en la voluntad y por eso me sentía afligida, porque no lo amaba como me podía amar Jesús. Pero mientras esto pensaba, mi Sumo Bien Jesús, con un amor y bondad indescriptibles me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, no te aflijas, ¿no sabes que Yo tengo potencia de remediar todo y de hacerme igualar por el amor de la criatura? Cuando se trata de que ella quiere amarme, Yo no la dejo jamás descontenta, porque el amor es una de mis pasiones, y ¿sabes qué hago para contentar a quien me ama? Me biloco y tomo puesto en cada cosa creada y le lluevo amor, después tomo puesto en la criatura y le doy virtud de hacerme llover su amor sobre Mí, el amor que le he dado lo ha hecho suyo, y con derecho puede dármelo como si fuera de ella, y Yo siento el contento de que me ama como la he amado Yo, y si bien sé que es mío, Yo no pongo atención a esto, no soy avaro, sino que me fijo si en su voluntad quiere amarme como la amo Yo, y si pudiera haría lo que he hecho Yo por ella, esto me basta y estoy contento de poder decir: ‘Me has amado como Yo te he amado’. Además de esto, tú debes saber que Yo creé todo el universo para darlo como don a la criatura, y me quedé en cada cosa creada para llover amor sobre ellos. Ahora, quien reconoce este don como un amor grande que le da su Creador, el don es suyo, la lluvia de nuestro amor es suya, por eso dándolo de nuevo a Nosotros, con todo su ser que nos ama, Nosotros nos sentimos igualados por el amor de la criatura, y vencidos por su amor se lo devolvemos de nuevo para encontrar el intercambio continuo de nuestro amor y del suyo. Y si tú supieras cómo estoy contento y queda herido mi amor al oírte repetir que quieres amarme y me amas en cada cosa creada, me amas en mi Concepción, en mi Nacimiento, en cada lágrima infantil, me siento adornado de tu amor, en cada pena, en cada gota de sangre siento la vida de tu amor, y Yo para corresponderte, en cada cosa que hice en mi Vida acá abajo, no hago otra cosa que formarte lluvia de amor. ¡Oh! si tú pudieras ver cuánto amor derramo en ti, es tal y tanto, que llevado por el ímpetu de mí mismo amor, abrazo y beso a mi amor en ti, y al ver que tú sientes mis abrazos y mis besos, cómo estoy contento, y espero los tuyos como para ser pagado y correspondido por tanto amor”.
(3) Después seguía mi abandono en el Querer Supremo, y girando en la extensión del cielo que sirve como pavimento y escabel de la Patria Celestial y como bóveda a los viadores de aquí abajo, aquella bóveda azul me parecía que hacía doble oficio, servía como suntuoso piso a los habitantes del Cielo y como lugar real a los viadores, unificando a unos y a otros juntos para hacer que una fuera la voluntad y el amor de todos. Por eso postrándome junto con el cielo, llamaba a los de allá arriba y a los de la tierra a adorar a mi Creador, postrándonos todos juntos, para que una fuera la adoración, la voluntad, el amor de todos. Entonces, mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha continuado:
(4) “Hija mía, el primer deber de la criatura es adorar a Aquél que la ha creado, el primer acto que habla de santidad es el deber; el deber llama al orden, y el orden hace surgir la más bella armonía entre el Creador y la criatura, armonía de voluntad, armonía de amor, de modos y de imitaciones, el deber es la sustancia de la santidad, y como todas las cosas creadas poseen y tienen como en naturaleza la marca de la verdadera adoración, por eso la criatura unida con ellas puede dar la más perfecta adoración a Aquél que la ha creado. Por eso cada cosa creada es una adoración profunda que mandan a Aquél que las ha creado, y la criatura uniéndose junto en virtud de nuestro Querer, las pone todas en adoración, dando a Dios lo que cada una debiera, y elevándose sobre todas nos lleva a todos y viene a latir en nuestro latido y a respirar en nuestro respiro. ¡Oh! cómo es dulce y agradable este latido y respiro en el nuestro, y Nosotros para corresponderlo palpitamos en su corazón y respiramos en su respiro, dándole el latido y el respiro divino como Vida, patrimonio, y crecimiento de nuestro Ser Supremo en ella. Y por eso al deber de la adoración, surge el primer deber del acto de la Creación, el de dar vida a su Creador en la propia alma, dándole el dominio, la libertad de formarse, de palpitar y respirar, llenarla de amor para poder decir con hechos: ‘Esta criatura es la portadora de su Creador, y me deja hacer lo que Yo quiero’. Tan es verdad, que su latido lo poseo Yo, nada tiene de suyo, lo que es suyo es mío y lo que es mío es suyo, Yo tengo mi puesto de amor en ella, y ella tiene el puesto de honor en el mío. Así que Cielo y tierra se dan el beso de paz y de unión permanente”.
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FIAT / La llamada de Dios a la criatura a la vocación del amor.
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