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5/15/202616 min read
Volumen 32-4
Abril 2, 1933
El Respiro y El Latido de Dios Es El
“Te Amo”.
Su Amor Es Generativo y Obrante.
El más grande Prodigio es encerrar Su Vida en la criatura.
(1) Mi pequeña alma siente la necesidad extrema de vivir entre los brazos del Fiat Divino, y como soy recién nacida apenas, soy débil y no sé dar un paso por mí misma, y si quisiera probar a hacerlo no tendría éxito, y corro peligro de hacerme mal, por eso, temiendo de mí misma me abandono de más en sus brazos diciéndole: “Si quieres que haga, hagámoslo juntos, porque por mí no sé hacer nada”. Y entonces siento en mí un amor continuo, un movimiento, un respiro que no son míos, pero tan fundidos que no sé decir bien si es mío o no es mío, y mientras estaba pensativa, mi soberano Jesús sorprendiéndome, todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que nuestro Ser Divino no es otra cosa que una sustancia toda de amor, así que como consecuencia, todo, dentro y fuera de Nosotros, todo es amor, por lo que nuestro respiro es amor, y el aire que respiramos es amor; nuestro latido es amor, y mientras palpitamos amor, forma la circulación de puro amor en nuestro Ser Divino, con una carrera que no se detiene jamás, y esta circulación mientras conserva nuestra Vida en el puro y perfecto equilibrio de amor, da amor a todos y quisiera amor de todos, y todo lo que no es amor no entra en Nosotros, ni puede entrar, ni encontraría el lugar donde ponerse, la plenitud de nuestro amor quemaría todo lo que no fuese puro y santo amor. ¿Pero quién dirige esta nuestra Vida toda de amor? La luz, la santidad, la potencia, la omnividencia, la inmensidad de nuestra Voluntad que llena Cielo y tierra de nuestro Ser Supremo, de manera que no hay punto donde no se encuentre, porque no sabe hacer otra cosa que amar y dar amor, pero no es un amor y Voluntad estéril, no, no, es fecundo y genera continuamente, es obrante y dentro de un solo respiro de amor forma las obras más bellas y maravillosas, los prodigios más inauditos, tanto, que todas las ciencias humanas se sienten ignorantes ante nuestra más pequeña obra, y confundidas enmudecen. Ahora escúchame hija buena, el gran prodigio de nuestra Vida en la criatura, que ningún otro, por cuanto amor y potencia tenga puede decir: ‘Yo puedo bilocarme, y mientras quedo lo que soy, puedo formar otra vida mía dentro de una persona que amo’. Sería una locura y un absurdo el decirlo, ni el ángel, ni el santo tienen este poder, sólo tu Dios, tu Jesús tiene este poder, porque nuestro Ser es plenitud, es totalidad, es todo y llena todo, y en la inmensidad en la cual se encuentra, que todo envuelve, respira y con un simple respiro formamos nuestra Vida Divina en la criatura, y nuestra Voluntad la domina, la alimenta, la hace crecer y forma el gran prodigio de encerrar nuestra Vida Divina en el pequeño cerco del alma de la criatura. He aquí el por qué tu ‘te amo’ continuo es nuestro, es el respiro de nuestra Vida, es nuestro latido que no sabe palpitar otra cosa que te amo, te amo, te amo, esto sirve al mantenimiento de nuestra Vida, que no sabe hacer otra cosa que amar, dar amor y querer amor, así que mientras es nuestro este ‘te amo’, es nuestro respiro y también tuyo, que mientras te damos amor nos das amor, y fundidos juntos se entrelazan nuestro ‘te amo’ con el tuyo, se encuentran, se identifican y se escucha un solo ‘te amo’, mientras que son dos, que raptándose mutuamente forman uno solo. ¿Pero quién siente esta Vida viva y palpitante en ella? Quien vive en nuestra Voluntad, ella siente la nuestra, y Nosotros sentimos la suya, y hacemos vida juntos, todas las otras criaturas la tienen ahogada y viven como si no la tuviesen, y mi amor da y no recibe, y vivo en ellos con un amor doliente y delirante, sin ni siquiera conocerme que estoy en ellos, por eso sé atenta y tu ‘te amo’ sea continuo, porque no es otra cosa que un desahogo del mío”.
(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en la Creación, y en virtud de la inmensidad de la Divina Voluntad, sentía su Vida palpitante en las cosas creadas, que con amor indecible esperaba el latido del “te amo” de mi pequeñez. Entonces yo pensaba entre mí: “¿Cuál será la diferencia que hay entre el modo en el cual Dios está en la Creación, y el modo con el cual está en el alma de la criatura?” Y mi siempre amable Jesús, todo bondad ha agregado:
(4) “Hija mía, hay una gran diferencia entre la una y la otra: En las cosas creadas nuestra Divinidad está en acto creante y conservante, ni agrega ni quita nada de lo que ha hecho, porque cada una de las cosas creadas posee la plenitud del bien que encierra, el sol posee la plenitud de la luz, el cielo la totalidad de la extensión de su manto azul, el mar la plenitud de las aguas, y así de todo lo demás, todos pueden decir: ‘No tenemos necesidad de nada, es tal la abundancia que poseemos, que podemos dar sin agotarnos, y por eso damos gloria perfecta a nuestro Creador’. En cambio en la criatura humana, nuestro acto divino es creante, conservante, obrante y creciente, nuestro amor no dijo basta para ella, no, sino que quiere siempre dar y obrar cosas nuevas, y si nos corresponde, nuestra virtud obrante está siempre en movimiento, ahora le damos nuevo amor, ahora nueva luz, ahora nueva ciencia, nueva santidad, nueva belleza, nuestra virtud obrante no cesa jamás, queremos dar siempre, y con el dar obramos. Con crear a la criatura abríamos el comercio entre el Cielo y la tierra y poníamos en tráfico nuestro modo obrante, Nosotros a dar y ella a recibir, y lo que es más, la queremos junto a obrar, no queremos hacerlo solos, si fuésemos capaces de dolor, nos amargaría nuestra felicidad si no la tuviésemos junto con Nosotros, y de nuestro amor y acto obrante surge nuestro acto siempre creciente, así que la criatura está bajo la lluvia de nuestro amor y acto creante, conservante, obrante y creciente”.
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Volumen 36-8
Mayo 15, 1938
La Palabra de Dios Es Vida, y encierra todos los siglos.
Cómo Mira en todas las generaciones humanas.
Jesús no sabe qué hacer con quien no lo Ama.
Cómo en las necesidades de las criaturas se hace encontrar Jesús.
(1) Me sentía inmersa en el Querer Divino, su luz me hacía comprender tantas verdades, pero me sentía incapaz de encerrarlas en mi mente tan pequeña, y con una repugnancia de manifestarlas y escribirlas en el papel. Entonces mi dulce Jesús visitando mi pobre alma, todo ternura y compadeciendo mi incapacidad me ha dicho:
(2) “Pobre hija, delante a la inmensidad de mi Querer se confunde y quisiera estarse en dulce reposo para gozarse las alegrías, la felicidad de la cual te sientes llena, pero no hija mía, se necesita también el trabajo; en el Cielo es siempre gozo, pero en la tierra hay alternativa de gozo y de trabajo, para ti el manifestar, el escribir, es trabajo, el entrar en mi Voluntad es poseer las alegrías más puras y la felicidad más grande, pero en el trabajo no te dejo jamás sola, hago más Yo que tú, sin Mí no habrías podido hacerlo. Ahora, tú debes saber que nuestro amor es tanto, que cuando nuestra bondad se decide a hacer salir una palabra, a manifestar una verdad fuera de nuestra majestad suprema, formamos el acto en Nosotros mismos, encerramos el bien que debe producir aquella verdad que hacemos salir, y cuando todo está madurado, y completado el bien que debemos dar a las criaturas en virtud de aquella verdad que manifestamos, entonces se la damos a la criatura como portadora del bien que queremos dar a las humanas generaciones, y como nuestra palabra encierra todos los siglos, y como nuestras palabras son vidas, poseen la fuerza creante, a donde quiera pueden llegar, y la criatura sentirá que se crea en ella la vida y el bien del cual nuestra verdad es portadora. Así que detener nuestras palabras con no manifestarlas, quiere decir detener todo el bien y las tantas Vidas nuestras que nuestras palabras pueden producir, y Yo sé hija mía que tú no quisieras darme este disgusto e impedir este gran bien a las generaciones humanas, ¿no es verdad? Quien me ama no sabe negarme nada, ni siquiera el sacrificio de la propia vida, por eso sé atenta, no quieras volverte responsable de tantas Vidas Divinas nuestras que deben tomar vida en las criaturas”.
(3) Después de esto me sentía sufriente, pero tanto, como si quisiera dar el último respiro; Jesús ha corrido pronto para sostenerme en sus brazos y me ha dicho:
(4) “Qué, ¿te quieres venir?”
(5) Y yo: “Sí, quiera el Cielo que te decidas a llevarme”.
(6) Y Jesús: “Hija mía, ¿y de la tierra qué hacemos?” (
7) Y yo: “No sé nada, ni soy buena para nada, y además, ¿qué me interesa a mí la tierra?”
(8) Y Él me ha dicho: “Hija mía,
no obstante debe interesarte porque le interesa a tu Jesús, y tu interés y el mío deben ser uno solo. Ahora, tú debes saber que es pronto aún, pues no del todo se ha manifestado la Divina Voluntad, y mientras más se manifiesta, tantas más almas son tomadas en la red de su luz, y no sólo eso, sino que por cuanto más es madurada y crece en una criatura, tanto más derecho adquieren las otras criaturas de recibirla, y Nosotros más nos sentimos llevados a agraciar a las humanas generaciones, de hacerles poseer la Vida de nuestra Voluntad, porque nuestra bondad, nuestro amor es tanto, que en una criatura miramos a todas, y por amor de una hacemos el bien a todas. ¿Pero en quién redunda el bien de todos? En quien ha sido la primera en recibir este bien, quien ha tenido el bien de escucharnos, y ha tenido cuenta de nuestras verdades más que si fueran vida propia, y quien no cuidando la propia vida está pronta a sacrificarla a cada instante por amor nuestro para hacernos hacer lo que queremos hacer de ella. Esto tiene tanta fuerza sobre nuestro Ente Supremo, nos rapta tanto, que basta una criatura para hacer que todas reciban este bien; mucho más que las generaciones humanas están vinculadas juntas, más que miembros al cuerpo, por eso no es maravilla que un miembro sano y bueno haga correr sus humores vitales y santos en los otros miembros, por eso, la fuerza de una sola criatura que vive en nuestra Voluntad es omnipotente, y es tanta que puede arrollar Cielo y tierra, reunir a todos y vencer a Dios y a las criaturas, por lo tanto déjame terminar, y después pronto te traeré”.
(9) Después ha agregado: “Hija mía, cuanto más sufre uno, más siente la necesidad de ser amado. El que más ha sufrido soy Yo, por eso mis penas, mi sangre derramada, mis lágrimas, se cambian en voces amorosas, suplicantes, porque quiero ser amado por quien amé tanto, por quien me hizo penar y llorar tanto. Quien me ama me da el más dulce refrigerio a mis penas, me enjuga las lágrimas, y mi sangre se convierte para ella en un baño de amor. ¿Pero sabes tú quién cambia mis penas, mis lágrimas, en alegrías, en contentos? Quien vive en mi Divina Voluntad, porque en ella encuentro el amor que me ama siempre, el cual es sostén de mis penas, mi refrigerio continuo, y me siento como un Rey victorioso, que si bien herido, he vencido con las armas de mis penas y de mi amor la voluntad de la criatura. ¡Oh, cómo me siento feliz al sentirme amado y hacer vida junto a aquél por quien he sostenido una tan dolorosa y sangrienta batalla! Mucho más que todo lo creé para ser amado, y si me falta el amor no sé qué hacer con la criatura, porque no encuentro lo que Yo quiero; a lo más puede haber diversidad de amor, puede haber amor de reparación, amor de compasión, amor de imitación, pero siempre amor quiero; si no encuentro el amor no son cosas para Mí, y como el amor es hijo de mi Voluntad, si encuentro al hijo encuentro a la Madre, por lo tanto encuentro todo lo que a Mí pertenece, por eso me reposo y me felicito en ella, y ella se felicita y se reposa en Mí, y nos amamos con un solo amor”.
(10) Y yo: “Mi amado Jesús, si tanto ansías ser amado y que las criaturas obren lo que Tú quieres, ¿por qué no las abundas tanto de tus gracias de modo que sientan la fuerza de obrar y de amarte como Tú quieres?”
(11) Y Jesús: “Hija mía, Yo doy a las criaturas la fuerza necesaria, es más, las sobreabundo de esta fuerza solamente en el momento en que se mueven a obrar lo que Yo quiero, no antes; cosas inútiles no sé dar, porque me quedarían más deudores si sienten la fuerza y no hacen lo que Yo quiero. Cuántos, antes de hacer una acción se sienten impotentes, pero en cuanto se ponen en acto de obrar se sienten investidos por una nueva fuerza, por una nueva luz, soy Yo que los invisto, porque Yo jamás dejo de dar la fuerza necesaria que se necesita para hacer un bien, la necesidad me ata y me empuja, si es necesario, a hacer junto con la criatura lo que ésta hace, por eso la verdadera necesidad soy Yo, Yo que quiero las cosas, y Yo me encuentro siempre junto con la criatura en su necesidad. Pero si lo que hacen no es necesario, Yo me pongo a un lado y los dejo hacer a ellos mismos”.
(12) Después de esto pensaba entre mí: “Cómo soy miserable, siento como si nada hubiese hecho por Jesús; a tantas gracias suyas, ¿quién sabe cómo debería de amarlo? En cambio soy fría, es verdad que no sé amar a otro que no sea Jesús, pero debería ser toda una llama, y no lo soy”. Mientras esto pensaba, ha regresado y dulcemente me ha reprochado diciéndome:
(13) “Hija mía, ¿qué haces? ¿Quieres perder el tiempo? ¿No sabes que lo que más te debe importar es hacer y conocer si estás en mi Voluntad? En Ella todo es amor: El respiro, el latido, el movimiento, la misma voluntad humana no quiere saber otra cosa que amarme. Mi Voluntad, celosa de esta criatura le forma el aire de amor, de modo que no respira otra cosa que amor, además, tu Jesús no mira jamás el sentir de la criatura, pues muchas veces este sentir la puede traicionar, en cambio Yo miro la voluntad y lo que ella quiere, y eso me tomo. Cuántas cosas se sienten y no se hacen, en cambio, si se quiere, todo está hecho, y además, en mi Voluntad no se pierde nada, para quien vive en Ella, mi Voluntad numera todo, los respiros, los latidos, el pequeño ‘te amo’, todo lo que se hace en Ella queda escrito con caracteres de luz imborrable y forman la misma Vida de mi Querer en la criatura, y muchas veces los dones que le he dado, los actos que ha hecho, quedan escondidos como propiedad suya en el fondo de la voluntad, y por eso se siente como si no hubiera hecho nada, pero no es verdad, ante las circunstancias se hacen sentir, hacen sentir que la luz más que sol está en su alma, que la santidad está en su puesto de honor, que las virtudes están todas en acto de llegar al heroísmo si hubiera necesidad de ejercitarlas. Mi Voluntad sabe mantener la armonía, su orden divino donde Ella reina, y todo lo que la criatura hace en Ella adquiere la marca de lo eterno, por eso vive en Ella y no te des ningún pensamiento de otras cosas, es más, mi Voluntad pensará más que tú en tu bien”.
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Volumen 35-7
Septiembre 12, 1937
Las Verdades son los más grandes Dones que Dios nos da.
Parto Divino.
Delirio extremo por Querer vernos poseedores de Sus Dones.
Su Palabra Es Desahogo de Amor.
El Gran Bien de un acto hecho En La Divina Voluntad.
(1) Mi pobre mente está como asediada por la Divina Voluntad, quiere decir tanto de las verdades que le pertenecen, que yo no puedo contenerlas, porque mi capacidad es demasiado pequeña, y estoy obligada a decir: “Basta Jesús por ahora, Tú quieres decirme tanto, pero yo soy incapaz de retenerlas, no sabré decirlas todas, mucho menos escribirlas como Tú quieres”. Y mi dulce Jesús compadeciendo mi pequeñez, todo ternura me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, no temas, tu pequeñez se pierde en mi Voluntad, y no eres tú quien debe manifestar sus verdades, sino que Ella misma tomará el empeño de hacerse narradora de lo que quiere hacer conocer, por eso investirá tu mente, se hará palabra sobre tus labios y se hará conocer, hará conocer quién es Ella; ciertamente que por ti misma no lo puedes hacer, pero siempre y cuando nos des tu voluntad en la nuestra, Nosotros remediaremos todo y haremos conocer lo que queremos decir. Tú debes saber que cuando queremos hacer un bien a las criaturas, decir una verdad, que es el bien más grande que podemos darles, porque con decirla, de esa misma verdad les hacemos don, primero lo maduramos en el seno de nuestra Divinidad, y cuando ya no podemos contenerlo más, porque nuestro amor es tanto que quiere ver aquel don poseído por las criaturas, nos hace llegar al desvarío, al delirio, y llega a hacernos languidecer porque quiere ver aquel bien transmitido a ellas; nos encontramos en las dolorosas condiciones de una pobre madre que habiendo formado su parto, si no lo saca a la luz se siente morir; Nosotros no podemos morir, pero si el bien que queremos dar como parto nuestro no lo sacamos a la luz, nuestro amor da en tales excesos, que si se pudieran ver por las criaturas, comprenderían cómo sabe amar un Dios y en qué estrechuras nos ponen cuando no reciben el bien que queremos darles, por eso cuando encontramos quien lo recibe, confirmamos el don, hacemos fiesta y nos sentimos victoriosos por el bien que le hemos dado, porque habiéndolo recibido una sola criatura, nuestro parto salido con tanto amor, por sí mismo se hará camino, girará por todas las criaturas y con su virtud generativa generará otros muchos partos, llenará todo el mundo, y Nosotros tendremos la gran gloria de ver llenos cielos y tierra de nuestro don, de nuestros bienes, y poseedores de quien lo quiere recibir. Oiremos por todas partes las voces amorosas, las notas de nuestro amor hablante, que nos dan la correspondencia a nuestro amor reprimido, porque no podíamos sacar a la luz este parto nuestro si no encontráramos al menos una criatura que lo quisiera recibir. Para Nosotros el hacer el bien es pasión, el dar es delirio continuo de nuestro amor, y al encontrar quién lo reciba sentimos en el don nuestra Vida y nuestro reposo. Por eso, a la que como primera se presta a recibir nuestro parto, la amamos tanto que nos fiamos de ella, la hacemos nuestra secretaria, y ella, al verse tan amada por Nosotros, toma el empeño de amarnos por todos, y ¡oh! la competencia que se forma entre ella y Nosotros. Tú debes saber que cada palabra nuestra es un desahogo de amor que hacemos con la criatura, así que cada palabra dicha sobre nuestra Voluntad Divina es un desahogo de amor que hemos hecho, y recibiendo refrigerio por este desahogo hemos continuado hablando, para formar la cadena de nuestros desahogos de amor, porque era un amor reprimido que teníamos en Nosotros, y si tú supieras qué significa este nuestro desahogo de amor, los bienes que hace; este nuestro desahogo de amor llena cielos y tierra, inviste a todos, embalsama las penas, se hace día en la noche de la culpa, convierte los pecadores, refuerza a quien titubea en el bien, reafirma a los buenos, en suma, no hay bien que no pueda hacer una palabra nuestra que contenga un desahogo de nuestro amor. Así que el hacernos hablar es el más grande bien que se pueda hacer a las criaturas, y nuestro amor correspondido y el dar Vida Divina a las criaturas es la más grande gloria que podemos recibir. ¿Qué cosa no puede hacer una palabra nuestra? Todo, y quien está dispuesto a escucharla, se puede decir que da vida a nuestra palabra, porque Nosotros jamás hablamos si no encontramos quién quiera escucharnos. Por eso, quien nos escucha nos ama tanto, que sentimos como si nos quisiera dar vida en medio a las criaturas, y Nosotros le damos nuestra Vida a su disposición. Por eso sé atenta a escucharnos, haznos desahogar en amor, porque muchas veces cuando no tenemos con quien hacer estos desahogos de amor, justamente se convierten en justicia”.
(3) Jesús ha hecho silencio, pero quién puede decir qué cosa ha quedado en mi mente, no tengo palabras para expresarlo, por eso mejor termino y me abandono en los brazos de Jesús para reposarme junto con Él, que me ama tanto y tanto quiere ser amado, que me da todo Sí mismo, para ser amado como Él me ama. Después seguía mi giro en la Creación para encontrar los actos hechos por el Querer Divino, hacerlos míos para poderlo amar como Él me ha amado, y llegando al cielo azul pensaba entre mí: “Este cielo sirve como techo a los habitantes de la tierra, y como piso a los habitantes del Cielo, entonces, como sirve a todos, todos están obligados a adorar a Aquél que con tanto amor ha creado este cielo para dárnoslo”. Así que llamaba a todos los ángeles, a los santos y a todos los habitantes de la tierra junto conmigo, para que todos unidos correspondiéramos en amor, en adoración, gloria y agradecimientos a nuestro Creador, porque nos ha amado tanto que nos ha dado este cielo; en el Querer Divino yo llamaba, abrazaba a todos, y como si fuesen uno solo amaban junto conmigo. El dulce Jesús ha quedado correspondido en amor por tantas voces, y con un amor indecible me ha dicho:
(4) “Hija mía, es tanta la potencia de un acto hecho en mi Querer, que llega a lo increíble; conforme tú llamabas a todos me he sentido amado por todos, y teniendo tú una voluntad libre y meritoria, en cuanto tú has hecho tu acto, mi Voluntad ha hecho salir de Sí un amor, una gloria, una felicidad mayor, de la cual todos se han sentido investidos, y los ángeles y santos sienten una gloria y felicidad mayor y se sienten más amados por Dios, la tierra recibe más ayudas, más gracias, según sus disposiciones. Todos los actos hechos en mi Querer reciben este gran bien, porque mi Voluntad es de todos, y todos tienen derecho a aquel acto, y como es un acto de un viador, que es lo que hace que corra el mérito en todo lo que hace de bien, el mérito se vuelve mérito común, y por lo tanto, alegrías, amor y gloria comunes, y si tú supieras qué significa ser más amado por Dios, qué significa alegrías y gloria que da un Dios, ¡oh! cómo estarías más atenta; los ángeles, los santos, que sí lo saben, suspiran por tu llamada para tener este gran bien, y cuando tú no los llamas, presurosos dicen: ‘¿No nos llama hoy?’ Así que tú estás en la tierra y tu mérito corre en el Cielo para dar nuevo amor y nueva felicidad a los habitantes celestiales. ¡Oh!, cómo quisiera que todos conocieran qué significa obrar en mi Voluntad, porque el conocimiento es como el apetito, que hace desear y saborear el alimento que se come, en cambio sin el apetito se siente aversión a esa misma comida y no se saborea. Tal es el conocimiento, es el portador de mis dones, del bien que quiero hacer a las criaturas, es la confirmación de la posesión. Además, el conocimiento genera la estima, el aprecio a mis verdades, y Yo solamente hablo cuando sé que mis palabras son amadas, escuchadas y apreciadas, es más, cuando veo la estima, el amor, me siento atraído por mi mismo amor a manifestar otras verdades, pero si esto no veo, hago silencio y siento el dolor de mi amor reprimido. Tú no me harás esto, ¿no es verdad?”
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FIAT / La llamada de Dios a la criatura a la vocación del amor.
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