EL AMOR ES DIOS
LIBRO DE CIELO
EVANGELIOS
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EL AMOR ES DIOS
DIOS ES AMOR
LIBRO DE CIELO
EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 15, 12-17.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
"Éste Es Mi Mandamiento:
que os Améis unos a otros como Yo os He Amado.
Nadie tiene Amor más grande que
El Que Da La Vida Por Sus amigos.
Vosotros sois Mis amigos, si Hacéis lo que Yo os Mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor:
a vosotros os Llamo amigos,
porque todo lo que He oído a Mi Padre os lo He Dado a Conocer.
No sois vosotros los que Me habéis elegido,
Soy Yo Quien Os He Elegido
y os He Destinado para que vayáis y deis fruto,
y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis al Padre en Mi Nombre os lo Dé.
Esto os Mando: que os Améis unos a otros."
PALABRA DE DIOS
GLORIA A TI SEÑOR JESÚS
LIBRO DE CIELO
VOLUMEN 1
Luisa empieza su Narración a los 17 años
y sólo pone las primeras dos Meditaciones.
"Y ahora comienzo:
Novena de La Santa Navidad.
A la edad de diecisiete años, me preparé a la Fiesta de La Santa Navidad
practicando diferentes actos de virtud y mortificación,
honrando especialmente
Los Nueve Meses que Jesús Estuvo En El Seno Materno
con nueve horas de Meditación al día,
referentes siempre al
Misterio De La Encarnación.
1º EXCESO DE AMOR DE DIOS:
AMOR TRINITARIO
DECRETO DE LA ENCARNACIÓN
Como por ejemplo, en una hora
me ponía con el pensamiento en El Paraíso
y me imaginaba a La Santísima Trinidad:
Al Padre que Mandaba al Hijo a la tierra,
al Hijo que prontamente Obedecía al Querer del Padre,
y al Espíritu Santo que Consentía en Ello.
Mi mente se confundía tanto al contemplar un Misterio tan grande,
Un Amor tan Recíproco,
tan Igual, tan Fuerte Entre Ellos y Hacia los hombres;
y en la ingratitud de estos, especialmente la mía;
que en esto me habría quedado no una hora sino todo el día,
pero una Voz Interna me Decía:
“Basta, Ven y Mira otros Excesos más grandes de Mi Amor”.
VOLUMEN 1
sin fecha
2º EXCESO DE AMOR DE DIOS:
EL AMOR QUE LO REDUCE A LA ESTRECHEZ
Entonces mi mente se ponía En El Seno Materno,
y quedaba estupefacta al considerar a Aquel Dios tan grande en El Cielo,
y ahora tan Humillado, Empequeñecido, Restringido,
que casi no podía Moverse, ni siquiera Respirar.
La Voz Interior me Decía:
“¿Ves Cuánto Te He Amado?
¡Ah! Dame un lugar en tu corazón,
quita todo lo que no es Mío,
porque así Me Darás más facilidad para Poderme Mover y Respirar”.
Mi corazón se deshacía, le pedía perdón, prometía ser toda Suya,
me desahogaba en llanto,
sin embargo, lo digo para mi confusión,
volvía a mis habituales defectos.
¡Oh! Jesús, Cuán Bueno Has Sido con esta miserable criatura.
Y así pasaba la segunda hora del día,
y después, poco a poco el resto, que decirlo todo sería aburrir.
Y esto lo hacía a veces de rodillas
y cuando era impedida a hacerlo por la familia,
lo hacía aun trabajando,
porque La Voz Interna no me Daba ni tregua ni paz
si no Hacía lo que Quería,
así que el trabajo no me era impedimento
para hacer lo que Debía Hacer.
Así pasé los días de La Novena,
cuando llegó la víspera
me sentía más que nunca encendida por un insólito fervor,
estaba sola en la recámara cuando se me presenta delante
El Niño Jesús, todo Bello, sí, pero titiritando,
en actitud de Quererme abrazar,
yo me levanté y corrí para Abrazarlo,
pero en el momento en que iba a Estrecharlo Desapareció,
esto se repitió tres veces.
Quedé tan conmovida y encendida de Amor, que no sé explicarlo;
pero después de algún tiempo no lo tomé más en cuenta,
y no se lo dije a nadie,
de vez en cuando caía en las acostumbradas faltas.
La Voz Interna no me dejó nunca más,
en cada cosa me Reprendía, me Corregía, me Animaba,
en una palabra, El Señor Hizo conmigo
como un buen padre con un hijo que tiende a desviarse,
y él usa todas las diligencias, los cuidados para mantenerlo en el recto camino,
de modo de formar de él su honor, su gloria, su corona.
Pero, ¡oh! Señor, demasiado ingrata te he sido.
VOLUMEN I
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3o. EXCESO DE AMOR DE DIOS.
EL AMOR DEVORADOR.
De la segunda Meditación pasé inmediatamente a la tercera,
ya que La Voz Interna que escuchaba sensiblemente, me Decía:
"Hija Mía, apoya tu cabeza sobre El Seno de Mi Madre,
y En Él contempla Mi Pequeña Humanidad.
Aquí Mi Amor a la criatura casi Me devora;
Son Los Incendios, Los Océanos,
Los Inmensos Mares del Amor de Mi Divinidad,
que Me reducen a cenizas, Me inundan
y que Excesivamente superan todo límite, tanto,
que Se Elevan por todas partes y Envuelven a todas las generaciones,
desde la primera hasta la última de las criaturas;
y Mi Pequeña Humanidad,
aunque devorada en medio de tantas Llamas de Amor,
Se vuelve también Ella devoradora En El Mismo Amor...
¿Pero sabes tú que es lo que Mi Eterno Amor Me Quiere Hacer devorar?
¡Ah! Sí, Bien que lo sabrás, porque también tú lo llegarás a experimentar:
¡las almas todas!
Y entonces Hija Mía, Estará Contento Mi Amor,
Cuando En Él las devore a todas,
pues Siendo DIOS Debo Obrar Como DIOS,
Abrazando en todo y por todo a cada alma que pueda venir a la existencia,
pues Mi Amor no me daría paz si excluyese alguna.
Sí, hija Mía, mira con atención En El Seno de Mi Madre;
fija tu mirada en Mi Humanidad ya Concebida
y Allí Encontrarás tu alma concebida Junto Conmigo
y Las Llamas de Mi Amor
que te han Incendiado toda En Amor Por Mí,
y que Solo Se Detendrán Cuando te Hayan Consumado En Mí.
¡Oh, Cuánto te he Amado, te Amo y te Amaré Eternamente!".
Oyendo a Jesús que me hablaba,
yo me perdía en medio de Tanto Amor,
y no sabía cómo corresponderle;
pero entonces, La Voz Interna volvió a sacudirme Diciéndome:
"Hija Mía, eso aun es nada en comparación con lo que Hace Mi Amor...
Así pues, Estréchate a Mí,
dale tus manos a Mi Madre Querida,
para que te Tenga aún más Estrecha a Su Seno Materno,
y mientras tanto dale otra mirada a Mi Pequeña Humanidad
Concebida en el tiempo para concebir a las almas para la eternidad,
lo cual te permitirá considerar El Cuarto Exceso de Mi Amor,
que Se Hace Operativo."
VOLUMEN I
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4o. EXCESO DE AMOR DE DIOS.
EL AMOR OPERANTE,
Que Le Renueva desde el primer instante
Las Penas de La Pasión.
"Hija Mía, si tú quieres pasar de Mi Amor tan Devorador
a Mi Amor Operante,
Me Verás Sumergido en un abismo sin fondo de Sufrimientos.
Considera que cada alma Concebida En Mí,
Me Trajo el peso de sus pecados,
de sus debilidades y de sus pasiones,
y Mi Amor Me Impuso que Tomara el peso de cada una,
por lo cual, después de Haber Concebido En Mí sus almas,
Concebí también sus penas y las satisfacciones
que cada una de ellas debía dar a Mi Padre Celestial;
por eso no debe asombrarte que Mi Pasión
Fue Concebida Junto Conmigo...
¡Mira con atención En El Seno de Mi Madre
y verás Cuánto y Cómo Siento Viva la crueldad de tantas penas!
Mira Mi cabecita, rodeada por un trenzado de espinas,
las cuales traspasándome cruelmente La Cabeza,
Me hacen derramar de Mis ojos
ríos de ardientísimas y amarguísimas Lágrimas...
¡Ah, muévete tú a compasión de Mí,
Secándome Los Ojos de Tantas Lágrimas,
tú que tienes los brazos libres para poder hacerlo!
Y estas Espinas, hija Mía,
no son sino el trenzado cruel que me forman las criaturas
con los pensamientos malos que se aglomeran en sus mentes.
¡Oh, con cuánta crueldad Me Hieren!
¡Oh, Que Larga Coronación de Nueve Meses!
Y como si eso no bastase, Me Crucifican Manos y Pies,
ya que Me Hacen Satisfacer La Divina Justicia por ellos,
que recorriendo toda senda perversa y cometiendo toda injusticia
en el tráfico transitorio de la vida,
se la pasan en toda clase de ganancias ilícitas;
y En Este Estado no Me Es posible Poder Mover
ni una Mano, ni un Dedo, ni un Pie,
y Estoy siempre Inmóvil,
Sea Por La Perenne Crucifixión que Sufro,
Sea Por El Espacio demasiado angosto En El Que Vivo,
¡Y Esta Larga Crucifixión La Sufrí Aún Por Nueve Largos Meses!
¿Sabes tú, hija Mía, por qué La Coronación de Espinas,
al igual que La Crucifixión,
se Me Renuevan en cada momento?
Porque el género humano no deja de maquinar proyectos malvados
y de realizar malas acciones,
las cuales, tomando La Forma de espinas y de clavos,
con aquéllas Me traspasan Las Sienes,
y con éstos una y otra vez Las Manos y Los Pies."
Y de esta manera, Jesús, en El Afán y El Dolor,
seguía Narrándome
Las Penas, Los Dolores y Los Martirios
que Sufría En Su Pequeña Humanidad,
En El Seno Materno,
lo cual dejo para no alargarme demasiado,
y porque mi corazón no soporta el seguir Narrando
Todo lo que Jesús Bendito ha Sufrido Por nuestro Amor.
Por lo cual yo no sabía hacer otra cosa que abandonarme
a un llanto sin freno;
pero enseguida me sacudía de nuevo Su Voz,
como un lamento en el corazón,
Diciéndome internamente:
"Hija Mía, ¡oh, Cuánto Quisiera Abrazarte
para corresponderte por el Amor Penante que sientes por Mí...!
Pero no puedo hacerlo todavía, pues como ves,
Estoy Encerrado En Este Espacio que Me Obliga a La Inmovilidad;
Quisiera Venir a ti, pero no Me Es Concedido,
pues no puedo caminar por ahora.
Hija de Mi Primer Amor Penante,
ven muy a menudo a Mí y Abrázame,
que después, cuando Salga del Seno Materno,
Yo Iré a ti y entonces te Abrazaré y Estaré contigo."
Y mientras con la fantasía me imaginaba
Estar Junto Con Él En El Seno de Su Madre
y me lo Abrazaba y Estrechaba fuerte fuerte a mi corazón,
Todo Adolorido,
de nuevo me Hacía escuchar internamente Su Voz,
que me Decía:
"Basta así por ahora, hija Mía;
Pasa más Bien a Considerar El Quinto Exceso de Mi Amor,
que aunque se vea ultrajado por todos y todo sea vano,
no Retrocede Jamás, ni se Detiene,
sino que Supera Todo y Sigue Siempre Adelante."
VOLUMEN I
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5o. EXCESO DE AMOR DE DIOS.
EL AMOR ABANDONADO
En Amarga Soledad.
Sintiéndome Llamada por Jesús a considerar el quinto Exceso de Su Amor, dispuse el oído del corazón a escuchar Su Voz, doliente pero Creadora, que internamente me Decía: "Hija mía, no te separes de mí, no me dejes solo; Mi Amor desea ardientemente estar en compañía; y has de saber que éste es otro Exceso de Mi Amor, pues así como Mi Divinidad Forma esencialmente la unión más íntima que puede darse, así también Mi Humanidad, Unida Hipostáticamente a MÍ Verbo Eterno, no puede en su naturaleza no ser llevada a deleitarse con la compañía de las criaturas.
Ya te has dado cuenta de que tan pronto como fui concebido En El Seno de Mi Madre, al mismo tiempo Engendré a La Gracia a todas las criaturas humanas, a fin de que Concebidas En Mí, Crecieran a la par Conmigo en Sabiduría y Verdad. Es por eso que Amo su compañía y que Quiero Estar en Continua Correspondencia de Amor con ellas, y Comunicarles muy a menudo el más palpitante Testimonio de Mi Amor. Quiero Estar continuamente en suave Coloquio de Amor con ellas, para tenerlas al corriente de Mis Alegrías y de Mis Dolores. También Deseo Darles a Conocer que He Venido del Cielo a la tierra, no para otra cosa que para Hacerlas Plenamente Felices, y que Deseo por tanto Estar en medio de ellas como un Hermanito, para Obtener de ellas Benevolencia y Amor, y para Dar de nuevo a cada una todos Mis Bienes, Mi Propio Reino, a costa de los más Duros Sacrificios, incluido el de Mi Muerte Para Darles Vida; Deseo en fin Entretenerme con ellas, Colmándolas de besos y de las más tiernas Caricias de Amor.
Pero, ¡ay!, has de saber que a cambio de Mi Amor no recibo más que continuos dolores y penas; y en efecto, hay quien escucha de mala gana Mi Palabra de Vida Eterna, quien rehuye Mi Compañía, hay quien se desvincula de Mi Amor, quien Me huye, quien se Hace el sordo, por lo que Me reduce al silencio; pero aún hay más: hay quien directamente Me desprecia y me ultraja.
Los primeros no se preocupan de Mis Bienes y de Mi Reino, y pagan Mis Besos y Mis Caricias con la despreocupación y el olvido de Mí, y así, el entretenimiento amoroso que debería tener con ellos, se reduce a silencio y abandono... Pero los segundos, que son los más numerosos, convierten Mi Amor por ellos en Amarguísimo Llanto, que naturalmente Es Desahogo de Mi Corazón, porque no sólo se ve apagado, sino maltratado, despreciado y ultrajado. ¡Y añadir, además, que mientras Estoy en medio de las criaturas, Estoy sin embargo siempre Solo! ¡Oh, cuánto Me Pesa la soledad forzada que Me procuran con su abandono, con hacerse sordas aún a la más breve Palabra Mía y con impedirme todo Desahogo de Amor!
¡Ah, hija mía, suple tú a Mi Amor Defraudado, no Dejándome nunca solo, en esta soledad Mía! Dame el Bien de Hacerme Hablar Dando oído a Mis Enseñanzas. Has de saber que Yo Soy El Maestro de los maestros, y si tú me escuchas, ¡oh, cuántas cosas Aprenderás de Mí!, y al mismo tiempo harás que Mi Llanto Cese, haciendo que Me Deleite En Amor Contigo... Dime, ¿no quieres tú deleitarte En Amor Conmigo?"
Y yo, después de haber reafirmado que le sería siempre fiel, me abandonaba en ÉL, Amándolo con mi más tierna compasión por ÉL, que a pesar de Ser tan Magnánimo que Quiere Hacer Feliz Consigo mismo a la criatura, Se Ve Dejado Solo por ésta, sin ningún consuelo y en la más amarga soledad. Pero mientras mas pasaba así la quinta hora de meditación, la voz interna de mi Jesús se hacía oír de nuevo en mi corazón: "Basta, Basta, así; pasa a considerar el sexto exceso de Mi Amor."
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6o. EXCESO DE AMOR DE DIOS
EL AMOR PRISIONERO,
El Amor sofocado y confinado en las tinieblas
del pecado y de la ingratitud.
"Hija mía, mi intimidad sea contigo. Acércate cada vez más a mí y ruega a mi Madre querida que te haga un poco de sitio en su seno materno, para que tú misma puedas comprobar el doloroso estado en que me encuentro."
Con el pensamiento, por tanto, me imaginaba que mi Reina Madre, queriéndome demostrar su más que grande y maternal afecto hacia mí, me uniera en su seno al dulce y afable Jesús, en ella encarnado; y me figuraba hallarme ya en su seno, fuertemente estrechada a mi amable Jesús; pero era tal y tanta la oscuridad que allí reinaba, que desde luego me resultaba imposible ver sus facciones...; sólo sentía su suspiro encendido de amor, mientras seguía diciéndome en mi interior:
"Hija mía, considera otro exceso de mi amor: yo soy la luz eterna, y fuera de mí no hay otra luz más resplandeciente. Considera un poco el sol, cuando se halla en su total resplandor, y sin embargo no es más que una sombra de mi luz eterna. Pues bien, esta mi luz eterna, por amor a la criatura, se eclipsa completamente en mí, a causa de mi humanidad asumida. ¿Ves en qué oscura prisión me ha reducido el amor?
Sí, es por amor a la criatura que así me he confinado, esperando que se vea un rayo de luz; pero he tenido que aguardar pacientemente durante nueve largos meses en tan densa noche; pero noche sin estrellas, noche sin reposo, siempre despierto en espera de la luz del sol que no me llega todavía... ¡Qué pena siento! La estrechez de la prisión no me da espacio para poder moverme lo más mínimo y me causa indecible fatiga... La falta de luz que ninguna cosa me deja ver, me da tanta pena que hasta me quita también el respiro, el cual lo recibo lánguidamente por medio del respiro de mi Madre. ¿Pero sabes tú quien me ha traído a esta prisión, quién me ha quitado la luz, y quién me hace languidecer cada vez más en mi respiro? Ha sido el amor que siento por la criatura; son las tinieblas de las culpas de las criaturas, pues cada culpa es una noche más para mí; es la dureza del corazón humano, en el que no entra ningún arrepentimiento; es la negra ingratitud, que como monstruo infernal, me sofoca la respiración; y uniéndose todos juntos me forman un abismo sin fondo de oscuridad, de sofocación, de dolores inauditos... ¡Qué pena!¡
Oh, exceso de mi amor no correspondido! Tú me has hecho pasar de una inmensidad de luz eterna a una profundidad de densas tinieblas y a una estrechura tal, que me quita la libertad de respirar..."
Mientras me decía todo esto, Jesús gemía, pero con gemidos sofocados por la estrechez del espacio, y yo me deshacía en lágrimas por la compasión, y quería procurarle un poco de luz con mi amor como él lo solicitaba. ¿Pero quién podría decir lo que Jesús y yo sufríamos mutuamente, por amor a las criaturas...? Mas en tanto dolor y pena, mi siempre amable Jesús me hizo escuchar en el interior de mi corazón su dulce palabra: "Así basta por ahora; pasa más bien al séptimo exceso de Mi Amor."
VOLUMEN 1
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7º EXCESO DE AMOR DE DIOS
EL AMOR DESPRECIADO
La voz interior continuaba:
“Hija mía, no me dejes solo en tanta soledad y en tanta oscuridad, no salgas del Seno de mi Mamá para que veas el séptimo Exceso de Mi Amor. Escúchame, En El Seno de Mi Padre Celestial
Yo Era Plenamente Feliz, no había bien que no poseyera, alegría, felicidad, todo estaba a mi disposición; los ángeles reverentes me adoraban y estaban a mis órdenes. Ah, El Exceso de Mi Amor, podría decir que me hizo cambiar fortuna, me restringió en esta tétrica prisión, me despojó de todas Mis Alegrías, Felicidad y Bienes para vestirme con todas las infelicidades de las criaturas, y todo esto para hacer el cambio, Para Dar a ellas Mi Fortuna, Mis Alegrías y Mi Felicidad Eterna. Pero esto habría sido nada si no hubiera encontrado en ellas suma ingratitud y obstinada perfidia. Oh, cómo Mi Amor Eterno quedó sorprendido ante tanta ingratitud y Lloró la obstinación y perfidia del hombre. La ingratitud fue la espina más punzante que Me traspasó El Corazón desde Mi Concepción hasta el último instante de Mi Vida, hasta Mi Muerte. Mira Mi Corazoncito, Está Herido y gotea Sangre. ¡Qué Pena! ¡Qué Dolor Siento! Hija mía, no seas ingrata; la ingratitud es la pena más dura para tu Jesús, Es Cerrarme en la Cara las puertas para Dejarme afuera, Aterido de frío. Pero ante tanta ingratitud Mi Amor no se detuvo y se puso en actitud de Amor Suplicante, Orante, Gimiente y Mendicante, y éste es el Octavo Exceso de Mi Amor”.
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8o. EXCESO DE AMOR DE DIOS
Amor Mendicante, Gimiente y Suplicante.
"Hija mía, no Me dejes solo;
sigue apoyando tu cabeza sobre El Seno de Mi Madre, que también desde afuera sentirás Mis gemidos y Mis súplicas; pero verás que ni Mis gemidos ni Mis súplicas moverán a compasión por Mi Amor a la ingrata criatura; y me verás entonces, pequeñito todavía, extender mi mano como el más pobre de los mendigos, pidiéndoles por piedad sus almas, al menos como limosna. De esta forma espero atraer a mí sus afectos y sus corazones congelados por el egoísmo. Mi Amor, hija mía, quiere vencer a cualquier precio al corazón del hombre; y por eso, viendo que después de haber usado el séptimo exceso de mi amor, era todavía reacio, haciéndose el sordo y sin preocuparse de mí ni de mis bienes, me he decidido a ir más allá.
Mi amor hubiera debido detenerse ante tanta ingratitud, pero no; quiso desbordarse hasta más allá de sus límites, y ya desde el seno materno hago llegar mi voz suplicante a cada corazón; uso los modos más insinuantes; las palabras más dulces y penetrantes y las plegarias más conmovedoras pa-ra tocar las fibras del corazón humano... y para obtener, ¿sabes tú qué cosa? El corazón de la criatura, a la cual digo: "Hija mía, dame tu corazón que es mío y yo te daré todo lo que quieras, hasta mí mismo, con tal de que me des a cambio tu corazón, aunque esté frío de amor; yo lo calentaré al contacto de mi Corazón y lo convertiré en llamas, en llamas que destruyan en ti todo afecto que no sepa de cielo. Si he bajado del cielo para encarnarme en el seno materno, has de saber que lo he hecho precisamente para hacerte entrar en el seno de mi Padre Celestial. ¡Ah, no me lo niegues, no hagas vanas mis esperanzas, que serán para ti certezas de bienes infinitos...!"
Pero, a pesar de esto, viendo a la criatura todavía reacia a mi amor y que incluso me ha vuelto la espalda y se ha alejado de mí, he tratado de detenerla, y con los gemidos más tiernos y suplicantes, y uniendo mis manitas, he buscado disuadirla, diciéndole con una voz sofocada por los sollozos: "Ah, ¿no ves, alma mía, que yo no soy sino el pequeño mendigo, que no pide otra cosa de limosna que sólo tu corazón? ¿Pero será posible, hija mía, que no quieras tu comprender que éste modo de obrar mío no es sino el exceso más grande de mi amor no correspondido? ¿Que El Creador, para atraer a la criatura a su Amor, tome aspecto de pequeño niñito para no atemorizarla y que llegue a pedirle, de limosna, su deforme corazón, y viéndola recalcitrante y reacia y que no se lo quiere dar, le ruegue, le suplique, gima y llore..., esto no te mueve a compasión? ¿No ablanda tu corazón?"
Y sin embargo, hija mía, la criatura racional parece que haya perdido del todo el uso de razón, que mientras debería quedar ahogada en las llamas de mi amor divino, trata por el contrario de deshacerse de él, para ir en busca de los más bestiales placeres, por los que tendrá que precipitarse en el caos infernal, donde mucho más amargamente llorará eternamente."
A estas palabras de Jesús me sentía llenar de ternura y al mismo tiempo me sentía horrorizar y estremecer, pensando en la ingratitud humana y en sus tristísimas consecuencias, irreparables y eternas. Mientras me hallaba sumergida en esta amarga consideración, la voz de mí Jesús se volvió a hacer escuchar en mi interior así: "Y tú, hija mía, ¿no querrías darme tu corazón? ¿Querrías tú acaso que también por ti llore y rompa en gemidos y súplicas, para lograr la posesión de tu corazón?"
Y mientras Jesús me decía todo esto sollozando, lleno mi Corazón de una inefable ternura por su amor incorrespondido y toda palpitante por el más vivo y nunca experimentado amor, le respondí: "Amado Jesús mío, ya no llores; sí, sí que te doy no sólo el corazón, sino toda mí misma; no vacilo en dártelo, sino que para hacerte un don más agradable quisiera primero quitar de mi frío corazón todo lo que no es tuyo.
Dame por tanto, gracia eficaz para hacerlo semejante al tuyo, para que puedas tomar en él estable y perenne morada. "Después de esto, Jesús añadió sin más: "Hija mía, ya es tiempo de que pases por ahora más adelante... Entra a considerar el noveno exceso de Mi Amor."
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9o. EXCESO DE AMOR DE DIOS
AMOR AGONIZANTE
que Quiere Ser Vencedor.
"Mi estado actual, hija mía, se hace cada vez más doloroso. Si me amas, procura que tu mirada esté siempre fija en mí, para que puedas aprender bien todo lo que te he enseñado, con el fin de procurarle a tu Jesús algún alivio en medio tantas penas que sufre; aunque fuese solamente una palabra tuya de amor, una caricia o un beso afectuoso, a fin de que mi Corazón tenga el dulce contento de sentirse correspondido con amor, y le dé una tregua a mi amarguísimo llanto y a las duras aflicciones que sufro.
Escucha, hija mía: después de haber dado al hombre tantas pruebas de amor, mediante los ocho anteriores excesos de mi amor, habría debido plegarse al contacto con mi verdadero y sublime amor; pero en vez de eso me paga tan mal que me hace así pasar a otro exceso de amor, que para mí será el más doloroso si no seré correspondido.
Hasta ahora el hombre no se ha dado por vencido, y por eso, al octavo exceso de mi amor hago seguir el noveno, que consiste en las ansias más amorosas, en los suspiros más encendidos de amor por él, y en los deseos más ardientes de quererme desaprisionar del seno materno para correr tras él; y después de haberlo detenido en el borde del mal, anhelo abrazar y besar a este hombre ingrato a mi amor, para hacer que se enamore de mi belleza, de mi verdad y de mis bienes eternos, de los cuales quiero a toda costa hacerlo eterno poseedor.
Este inestimable designio mío, reduce a mi pequeña humanidad, aún no nacida, a una agonía tal, que me hace llegar al último suspiro de mi vida, que si no hubiera sido sostenida y socorrida por mi divinidad, que es inseparable de ella por la unión hipostática, ya a estas horas hubiera exhalado su último respiro. La divinidad, comunicándole continuamente la vida, la sostuvo en esta agonía de nueve meses, que habrían de decirse meses más de muerte que de vida.
Este, hija mía, es el noveno exceso de mi Amor, que no fue sino un continuo agonizar desde el primer instante en que mi divinidad entró en este seno materno, para tomar los despojos humanos y esconder en ellos la esencia misma de mi divinidad; pues si no, en vez de amor, infundiría temor a la criatura, que mi amor desea desposar.
Pero, ¡ay, qué larga agonía no fue acaso para mí, la de esperar durante nueve largos meses a esta criatura! ¡Oh, cómo mi amor me sofoca y me reduce a un continuo morir! Te repito, hija mía, que si mi humanidad no hubiese recibido de la divinidad ayuda y fuerza para sostener el amor inmenso que enteramente me devora, se hubiera desdichadamente reducido a cenizas y consumido por el amor operante, que me ha hecho cargar con el peso enorme de las penas debidas por cada criatura, juntamente con las satisfacciones exigidas por la divina justicia y con el amor mendicante, gimiente y suplicante..., y ¿Qué cosa? El corazón frío e insensible de las criaturas.
Por esta razón mi vida en el seno de mi Madre se ha hecho tan dolorosa, que ya no soy capaz de estar lejos de la criatura... Anhelo acercarla a toda costa a mi pecho, para hacerle sentir mis latidos encendidos de amor, para abrazarla con mi más tierno y entrañable afecto, para hacerla dueña de mis bienes eternos... Y has de saber que si yo no fuera confortado por ti en este momento, antes aún de que pudiese salir a la luz del día, me quedaría de hecho consumido por el exceso de este nuevo amor mío. Mírame fijamente en el seno materno y mira como me he vuelto tan pálido; escucha mi voz que se vuelve como la de un agonizante, cada vez más débil; siente el palpitar de mi Corazón, que tan acelerado en sus latidos, está ahora casi sin pulsaciones...
Guárdate de separar la mirada de mí, obsérvame bien, yo siento que me estoy muriendo..., me estoy muriendo... ¡Sí..., me muero, y me muero de puro amor...!"
Y mientras esto sucedía, también yo sentí que perdía la vida por amor a Jesús, y entre ambos se hizo un profundo silencio, un silencio sepulcral... Mi sangre se heló y se detuvo en mis venas, tanto que en mi pecho sentí que ya no me palpitaba el corazón; la respiración en mí cesó, y toda temblando me desplomé en la tierra. Y en aquél letargo mortal mi lengua balbucía: "Jesús mío... Amor mío... Vida mía... Todo mío, no te mueras, que yo siempre te amaré... Nunca, nunca más te dejaré, a costa de cualquier sacrificio... Pero dame siempre las llamas de tu amor, para poder amarte siempre más y consumirme cuanto antes toda tuya en amor por ti, mi sumo y eterno Bien... "Entonces sí que puedo decir que me sentí más que muerta por amor a mi Jesús, el cual, ya nacido para esta vida nuestra de muerte, para hacer que nos sometieramos primero a la muerte de nuestra voluntad y después a la verdadera vida y vida eterna, apenas me tocó me hizo volver del desvanecimiento en el que había caído, pronunciando estas maravillosas palabras:
"Hija mía, renacida para Mi Amor, correspóndeme en todo; y de igual modo en que me has hecho compañía con las nueve consideraciones sobre el exceso de mi amor a lo largo de la novena de mi Navidad, así continúa haciendo otras 24 consideraciones acerca de mi pasión y muerte de cruz, distribuyéndolas en las 24 horas del día; en ellas comprenderás otros Excesos más sublimes de Mi Amor, y me serás una continua consolación en las dolorosísimas penas que me vienen de parte de las criaturas; y en vida serás del todo amante de mi sepultura, y en muerte tendrás la mejor parte de Mi Gloria."
Fiat!!!
¿Quién eres tú y Quién Soy Yo?
¿Cuál Es Mi Amor hacia ti? y
¿Cuál es tu correspondencia hacia Mi?
Volumen 2-88
Octubre 28, 1899
(1) Esta mañana mi amable Jesús ha venido en medio de una Luz, y Mirándome como si me penetrara por todos lados, tanto que me sentía aniquilada, me ha Dicho:
(2) “¿Quién Soy Yo, y quién eres tú?”
(3) Estas palabras me penetraban hasta la médula de los huesos y descubría la infinita distancia que hay entre El Infinito y el finito, entre El Todo y la nada; y no sólo eso, sino que descubría también la malicia de esta nada y el modo como se había enfangado, me parecía como un pez que nada en las aguas, así mi alma nadaba en la podredumbre, en los gusanos y en tantas otras cosas aptas solamente para dar horror a la vista. ¡Oh Dios, qué vista tan abominable! Mi alma quería huir de la vista de Dios Tres Veces Santo, pero con otras dos palabras me Ató:
“¿Cuál Es Mi Amor hacia ti? Y, ¿cuál es tu correspondencia hacia Mí?”
(4) Ahora, mientras a la primera palabra habría querido huir espantada por Su Presencia, a la segunda palabra, ¿Cuál Es Mi Amor Hacia ti? Me he encontrado Abismada, Atada por todas partes por Su Amor, así que mi existencia era un producto de Su Amor, y si este Amor cesaba, yo no existía más. Entonces, me parecía que los latidos del corazón, la inteligencia y hasta el respiro eran todos una Reproducción de Su Amor, yo nadaba En Él y aún el querer huir me parecía imposible, porque Su Amor me Circundaba por todos lados. Mi amor me parecía como una gotita de agua arrojada en el mar, que desaparece y no se puede distinguir más.
(5) Cuántas cosas he comprendido, pero si las quisiera decir todas me alargaría demasiado. Entonces Jesús ha desaparecido y yo he quedado toda confundida, me veía toda pecado y en mi interior imploraba perdón y misericordia. Poco después mi único Bien ha regresado y yo me sentía toda bañada por la amargura y por el dolor de mis pecados, y Él me ha Dicho:
(6) “Hija Mía, cuando un alma está convencida de haber hecho mal al ofenderme, hace ya el oficio de la Magdalena que bañó Mis pies con sus lágrimas, los ungió con bálsamo y los secó con sus cabellos. El alma, cuando comienza a ver en sí misma el mal que ha hecho, Me prepara un baño a Mis llagas. Viendo el mal siente amargura y prueba dolor, y con esto viene a ungir Mis llagas con un bálsamo exquisito. Por este conocimiento el alma quisiera hacer una reparación, y viendo la ingratitud pasada, siente nacer en ella el Amor hacia un Dios tan bueno y quisiera dar su vida para testimoniar su Amor, y esto son los cabellos, que como tantas cadenas de oro la Unen a Mi Amor”.
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Volumen 2-3
Marzo 13, 1899
La caridad no es otra cosa que el desahogo del Ser Divino.
Todo lo creado habla del Amor de Dios hacia el hombre,
y le Enseña el Modo Como Debe Amar a Dios.
(1) Esta mañana el amado Jesús no se hacía ver según lo acostumbrado,
todo amabilidad y dulzura, sino severo, mi mente me la sentía en un mar de confusión y mi alma tan afligida y aniquilada, especialmente por los castigos vistos en los días pasados; viéndolo en aquel aspecto no me atrevía a decirle nada, nos mirábamos pero en silencio. ¡Oh Dios, qué pena! Cuando de pronto he visto también al confesor y Jesús mandando un rayo de luz intelectual ha dicho estas palabras:
(2) “Caridad, la caridad no es otra cosa que un desahogo del Ser Divino, y este desahogo lo he difundido sobre todo lo creado, de modo que todo lo creado habla del amor que le tengo al hombre, y todo lo creado le enseña el modo como debe amarme; comenzando desde el ser más grande hasta la más pequeña florecita del campo dice al hombre: “Con mi suave perfume y con estarme siempre dirigida hacia el cielo, intento enviar un homenaje a mi Creador; también tú, haz que todas tus acciones sean olorosas, santas, puras, no hagas que el mal olor de tus acciones ofenda a mi Creador”. ¡Ah, hombre! repite la florecita, “no seas tan insensato de tener los ojos fijos a la tierra, sino elévalos al Cielo, mira, allá arriba está tu destino, tu patria, allá arriba está el Creador mío y tuyo que te espera”. El agua que continuamente corre bajo nuestros ojos nos dice también: “Mira, de las tinieblas he salido y tanto debo correr y correr hasta que llegue a sepultarme en el lugar de donde salí, también tú, ¡oh hombre! corre, pero corre al seno de Dios de donde saliste; ¡ah! te pido, no corras los caminos torcidos, los caminos que conducen al precipicio, de otra manera, ¡ay de ti!” También las bestias más salvajes nos repiten: “Mira, ¡oh! hombre cómo debes ser selvático para todo lo que no es Dios; mira, cuando nosotros vemos que alguien se acerca a nosotros, con nuestros rugidos ponemos tanto espanto, que ninguno se atreve a acercarse más a perturbar nuestra soledad, también tú, cuando el hedor de las cosas terrenas, o sea tus pasiones violentas, estén por enfangarte y hacerte caer en el precipicio de las culpas, con los rugidos de tu oración y con retirarte de las ocasiones en las cuales te encuentras, estarás a salvo de cualquier peligro”. Así todos los demás seres, que decirlos todos sería demasiado largo, con voz unánime resuenan entre ellos y nos repiten: “Mira, ¡oh! hombre, por amor tuyo nos ha creado nuestro Creador y todos estamos a tu servicio, tú no seas tan ingrato, ama, te rogamos, te repetimos, ama a nuestro Creador!”.
(3) Después de esto, mi amable Jesús me dijo: “Esto es todo lo que quiero: “Amar a Dios y al prójimo por amor mío”. Ve cuánto he amado al hombre, y él es tan ingrato; ¿cómo quieres tú que no lo castigue?”.
(4) En el mismo instante me parecía ver una granizada terrible y un terremoto que debe hacer notable daño, hasta destruir las plantas y los hombres. Entonces, con toda la amargura de mi alma le he dicho: “Mi siempre amable Jesús, ¿por qué estás tan indignado? Si el hombre es ingrato, no es tanto por malicia sino por debilidad. ¡Oh! Si te conocieran un poco, cómo serían humildes y amorosos, por eso, cálmate, al menos te encomiendo Corato y a aquellos que me pertenecen”.
(5) En el momento de decir esto, me parecía que también en Corato debía suceder algo, pero en comparación con lo que sucederá en los demás lugares será nada.
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Volumen 2-39
Junio 20, 1899
Como todo está En
EL AMOR
(1) Continúa casi siempre lo mismo.
Esta mañana, parece que Jesús ha querido aliviarme un poco, después de que por algún tiempo he ido en busca de Él. De lejos vi a un niño, y como rayo que cae del cielo acudí, en cuanto llegué lo he tomado entre mis brazos y viniéndome una duda de que no fuera Jesús le he dicho:
(2) “Tesorito mío querido, dime, ¿quién eres?”
(3) Y Él: “Yo soy tu querido y amado Jesús”.
(4) Y yo a Él: “Niñito mío hermoso, te pido que tomes mi corazón y lo lleves Contigo al Paraíso, pues junto con el corazón se irá mi alma”.
(5) Parecía que Jesús tomase mi corazón y lo unía de tal manera al suyo, que se hacían uno solo. Después se ha abierto el Cielo, pareciendo que se preparaba a una fiesta grandísima, en el mismo momento descendió del Cielo un joven de hermoso aspecto, todo centelleante de fuego y llamas. Jesús me ha dicho:
(6) “Mañana es la fiesta de mi querido Luis, debo asistir”.
(7) Y yo: “Entonces a mí me dejas sola, ¿Cómo haré?”
(8) Y Él: “También tú vendrás, mira cómo es bello Luis, pero lo que fue más en él, que lo distinguió en la tierra, era el amor con el cual obraba, todo era amor en él, el amor le ocupaba el interior, el amor lo circundaba en el exterior, así que también el respiro se podía decir que era amor, por eso de él se dice que no sufrió jamás distracción, porque el amor lo inundaba por todas partes y por este amor será inundado eternamente, como tú ves”.
(9) Y así parecía que era tan grandísimo el amor de San Luis, que podía incinerar a todo el mundo. Después Jesús ha agregado:
(10) “Yo paseo sobre los montes más altos y en ellos formo mi delicia”.
(11) Yo no entendí el significado, y ha continuado diciendo:
(12) “Los montes más altos son los santos que más me han amado, y Yo hago de ellos mi delicia cuando están sobre la tierra y cuando pasan al Cielo, así que el todo está en El Amor”.
(13) Después de esto pedí a Jesús que me bendijera y a aquellos que en ese momento veía, y Él dando la bendición ha desaparecido.
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Volumen 2-71
Septiembre 9, 1899
Jesús le habla de la nada y del Amor que le lleva
(1) Jesús continúa viniendo, pero con un aspecto todo nuevo.
Parecía que de su corazón bendito salía un tronco de árbol que tenía tres raíces distintas, y este tronco, de su corazón entraba en el mío, y saliendo de mi corazón el tronco formaba tantas bellas ramas cargadas de flores, de frutos, de perlas y de piedras preciosas, resplandecientes como estrellas fulgidísimas. Ahora, mi amante Jesús, viéndose a la sombra de este árbol, se recreaba todo, mucho más que del árbol caían tantas perlas que formaban un bello adorno a su Santísima Humanidad. Mientras estaba en esta posición me ha dicho:
(2) “Hija mía amadísima, las tres raíces que ves que contiene este árbol son: la fe, la esperanza y la caridad. Y lo que tú ves que este tronco sale de Mí y se introduce en tu corazón, significa que no hay bien que posean las almas que no venga de Mí; así que después de la fe, la esperanza y la caridad, el primer desarrollo que hace este tronco es el hacer conocer que todo el bien viene de Dios, que de ellas no tienen otra cosa que su propia nada, y que esta nada no hace otra cosa que darme la libertad de hacerme entrar en ellas y hacerme obrar lo que quiero; mientras que hay otras nadas, esto es, otras almas, que con la libre voluntad que tienen se oponen, entonces, faltando este conocimiento, el tronco no produce ni ramas ni frutos, ni ninguna otra cosa de bueno. Las ramas que contiene este árbol, con todo el aparato de las flores, frutos, perlas y piedras preciosas, son todas las diversas virtudes que puede poseer el alma. Ahora, ¿Quién ha dado la vida a este árbol tan bello? Ciertamente las raíces, esto significa que la fe, la esperanza y la caridad abrazan todo, contienen todas las virtudes, tanto, que son puestas como base y fundamento del árbol, y sin ellas no se puede producir ninguna otra virtud”.
(3) Así que he comprendido también que las flores significan las virtudes, los frutos los sufrimientos, las piedras preciosas y las perlas el sufrir únicamente por el solo amor de Dios. He aquí por qué aquellas perlas que caían formaban ese bello ornamento a Nuestro Señor. Ahora, mientras Jesús se sentaba a la sombra de este árbol, me miraba con ternura toda paterna, entonces, tomado por un rapto amoroso, que parecía que no podía contener en Sí, abrazándome fuertemente ha comenzado a decir:
(4) “¡Cómo eres bella! Tú eres mi candorosa paloma, mi amada morada, mi templo vivo, en el cual unido con el Padre y el Espíritu Santo me complazco en deleitarme. Tu continuo penar por Mí me alivia y consuela de las continuas ofensas que me hacen las criaturas. Debes saber que es tanto el amor que te tengo, que estoy obligado a esconderlo en parte, para hacer que tú no enloquezcas y puedas vivir, porque si te lo hiciese ver no sólo enloquecerías, sino que no podrías continuar viviendo, tu débil naturaleza quedaría consumada por las Llamas de Mi Amor”.
(5) Mientras esto decía yo me sentía toda confundir y aniquilar, y me sentía hundir en el abismo de mi nada, porque me veía toda imperfecta, especialmente notaba mi ingratitud y frialdad a las tantas gracias que el Señor me hace. Pero espero que todo redunde a su Gloria y Honor, esperando con firme confianza que en un esfuerzo de su Amor quiera vencer mi dureza.
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Volumen 2-87
Octubre 25, 1899
Jesús Habla de Su Gran Amor por las criaturas.
(1) Mi dulcísimo Jesús continúa manifestándose casi siempre igual. Esta mañana ha agregado:
(2) “Hija Mía, es tanto El Amor hacia las criaturas, que como un eco resuena en Las Regiones Celestiales, llena la atmósfera y se difunde sobre toda la tierra. ¿Pero cuál es la correspondencia que dan las criaturas a este eco amoroso? ¡Ay! me corresponden con un eco de ingratitud, venenoso, lleno de todo tipo de amarguras y de pecados, con un eco casi asesino, apto sólo para herirme. Pero yo despoblaré la faz de la tierra, a fin de que este eco lleno de veneno no aturda más mis oídos”.
(3) Y yo: “¡Ah! Señor, ¿qué dices?”
(4) Y Jesús: “Yo no hago más que como un médico piadoso, que tiene los remedios extremos para sus hijos, y estos hijos están llenos de llagas, ¿qué hace este padre y médico que ama a sus hijos más que la propia vida? ¿Dejará que se gangrenen estas llagas? ¿Los dejará morir por temor de que aplicando el fuego y los instrumentos ellos sufran? ¡No, jamás! Aunque sentirá como si sobre él se aplicaran tales instrumentos, con todo y esto tomará los instrumentos, desgarra y corta las carnes, aplica el remedio, el fuego, para impedir que la corrupción avance más. Si bien muchas veces sucede que en estas operaciones los pobres hijos se mueren, pero no era esta la voluntad del padre médico, sino que su voluntad es verlos curados. Así soy Yo, hiero para curarlos, los destruyo para resucitarlos. Que muchos perezcan, no es esa mi Voluntad, esto es efecto de su malvada y obstinada voluntad, es efecto de este eco venenoso que, hasta no verse destruidos, quieren enviármelo”.
(5) Y yo: “Dime, mi único Bien, ¿cómo podría endulzarte este eco venenoso que tanto te aflige?”
(6) Y Él: “El único medio es que tú hagas siempre todas tu obras con la sola finalidad de agradarme y que uses todos tus sentidos y potencias con la finalidad de amarme y glorificarme. Haz que cada pensamiento tuyo, palabra y todo lo demás, no quiera otra cosa que el amor que tienes hacia Mí, así tu eco subirá agradable a mi trono y endulzará mi oído”.
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Volumen 3-8
Noviembre 13, 1899
Jesús Sufre al Ver sufrir a las criaturas.
Luisa se ofrece para consolarlo.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús parecía inquieto, no hacía otra cosa que ir y venir, ahora se entretenía conmigo, ahora casi atraído por su ardiente amor hacia las criaturas iba a ver lo que hacían, y todo se condolía por lo que sufrían, como si Él mismo y no ellas estuviera sufriendo. Muchas veces he visto al confesor, que con su potestad sacerdotal obligaba a Jesús a hacerme sufrir sus penas para poder aplacarlo, y Él, mientras parecía que no quería ser aplacado, después se mostraba contento y agradecía de corazón a quien se ocupaba en sostener su brazo indignado, y ahora me participaba un sufrimiento y ahora otro. ¡Oh, cómo era tierno y conmovedor verlo en este estado! Hacía destrozar el corazón de compasión. Muchas veces me ha dicho:
(2) “Confórmate a mi Justicia, que no puedo más. ¡Ah! el hombre es demasiado ingrato y casi me obliga por todas partes a castigarlo, me arranca él mismo de mis manos los castigos. ¡Si tú supieras cuánto sufro al hacer uso de mi justicia, pero es el hombre mismo el que me hace violencia! ¡Ah! si no hubiera hecho otra cosa que comprar a precio de sangre su libertad, aun así debería ser agradecido Conmigo; pero el hombre, para hacerme mayor agravio va inventando nuevos modos para hacer inútil mi desembolso”.
(3) Y mientras esto decía lloraba amargamente, y yo para consolarlo le he dicho: “Dulce Bien mío, no te aflijas, veo que tu aflicción es mayor porque te sientes obligado a castigar a las gentes. ¡Ah no, no sea jamás! Si Tú eres todo para mí, yo quiero ser toda para Ti, así que sobre mí manda los flagelos, aquí está la víctima siempre dispuesta y a tu disposición, puedes hacerme sufrir lo que quieras y así quedará tu justicia en algún modo aplacada, y Tú aliviado de la aflicción que sientes al ver sufrir a las criaturas. Ha sido siempre esta mi intención al no conformarme a la justicia, porque sufriendo el hombre sufrirás más Tú que él mismo”.
(4) Mientras esto estaba diciendo ha venido nuestra Mamá Reina, y yo he recordado que habiendo pedido al confesor la obediencia de conformarme a la justicia, me había dicho que le preguntara a la Virgen Santísima si quería que me uniformara. Se lo he dicho y Ella me ha dicho: “No, no, más bien reza hija mía, y en estos días trata por cuanto más puedas de tenerte a Jesús junto contigo y aplacarlo, porque muchos castigos están preparados”.
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Volumen 3-79
Junio 7, 1900
Jesús le entrega Las Llaves de La Justicia
y una Luz para descubrirla.
(1) Como me encontraba en algún modo sufriente, me parecía que aquellos sufrimientos eran una dulce cadena que atraía a mi buen Jesús a hacerlo venir casi de continuo, y me parecía que aquellas penas llamaban a Jesús para hacerlo derramar en mí otras amarguras. Entonces, al venir, ahora me sostenía en sus brazos para darme fuerza, y ahora derramaba de nuevo. Yo de vez en cuando le decía: “Señor, ahora siento en mí parte de tus penas, te ruego que me contentes, como te dije ayer de darme al menos la mitad de lo que sirve para alimento del hombre”.
(2) Y Él: “Hija mía, para contentarte te entrego las llaves de la justicia y el conocimiento de cuánto es necesario absolutamente castigar al hombre, y con esto harás lo que te plazca, ¿no estás contenta por ello?”
(3) Al oírme decir esto me consolé y decía en mi interior: “Si está en mí, de hecho no castigaré a ninguno”. Pero cómo quedé desengañada cuando el bendito Jesús me dio una llave y me puso en medio de una luz, y mirando desde en medio de aquella luz descubría todos los atributos de Dios, y también los de la justicia. ¡Oh, cómo todo está ordenado en Dios! Y si la justicia castiga, es orden; y si no castiga no estaría en orden con los demás atributos. Ahora me veía como miserable gusano en medio de aquella luz, y que si quisiera impedir el curso a la justicia, estropearía el orden e iría en contra de los mismos hombres, porque comprendía que la misma justicia es amor purísimo hacia ellos. Entonces me he encontrado toda confundida y molesta, por eso para desentenderme he dicho a nuestro Señor: “Con esta luz de la cual me habéis rodeado entiendo las cosas diversamente, y si me dejaras obrar a mí lo haría peor que Tú, por eso no acepto este conocimiento y renuncio a las llaves de la justicia; lo que acepto y quiero es que me hagas sufrir a mí y que liberes a las gentes; del resto no quiero saber nada”.
(4) Y Jesús sonriendo ante mi hablar me ha dicho:
(5) “¡Cómo! tan pronto quieres desentenderte, no queriendo conocer ninguna razón y queriéndome hacer violencia más fuerte te quieres salir con dos palabras: Hazme sufrir a mí y libéralos”.
(6) Y yo: “Señor, no es que no quiera saber ninguna razón, sino que no es oficio mío, sino tuyo. Mi oficio es el de ser víctima, por eso Tú haz tu oficio y yo hago el mío, ¿no es verdad mi amado Jesús?”
(7) Y Él, mostrando como una aprobación ha desaparecido.
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Volumen 3-84
Junio 18, 1900
Todo lo Creado nos Enseña El Amor de Dios,
El Cuerpo Llagado de Jesús, el amor del prójimo.
(1) Jesús sigue sin venir, y yo trataba de ocuparme en considerar el misterio de la flagelación. Mientras esto hacía he visto al bendito Jesús todo llagado y chorreando sangre y me ha dicho:
(2) “Hija mía, el cielo con todo lo creado te enseña el Amor de Dios; mi cuerpo llagado te enseña el amor del prójimo, tanto, que mi Humanidad unida a mi Divinidad, de dos naturalezas hice una sola y las volví inseparables, porque no sólo satisfice a la divina justicia, sino realicé la salvación de los hombres. Y para hacer que todos asumieran esta obligación de amar a Dios y al prójimo, no sólo hice de esto una sola obligación, sino que llegué a hacer de esta obligación un precepto divino. Así que mis llagas y mi sangre son tantas lenguas que enseñan a cada cual el modo de amarse, y la obligación que todos tienen de poner atención a la salvación de los demás”.
(3) Después, tomando un aspecto más afligido ha agregado:
(4) “Qué despiadado tirano es para mí el amor, porque no sólo empleé todo el curso de mi vida mortal en continuos sacrificios, hasta morir desangrado sobre una cruz, sino que me dejé como víctima perenne en el sacramento de la Eucaristía. Y no sólo esto, sino que a todos mis miembros predilectos los tengo víctimas vivientes en continuos sufrimientos, empeñados en la salvación de los hombres, como entre tantos te elegí a ti para tenerte sacrificada por amor mío y por los hombres. ¡Ah sí! Mi corazón no encuentra descanso ni reposo si no encuentra al hombre, y el hombre, ¿Cómo me corresponde? ¡Con ingratitudes enormísimas!” (5) Dicho esto ha desaparecido.
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Volumen 3-101
Julio 25, 1900
En Jesús no hay crueldad alguna,
sino que Todo Es Amor.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús ha venido y me ha hecho ver una máquina donde parecía que se trituraran muchos miembros humanos, y en el aire como dos señales de castigos que daban terror. ¿Quién puede decir la consternación de mi corazón al ver todo esto? Pero el bendito Jesús viéndome tan amargada me ha dicho: (2) “Hija mía, alejemos por un poco lo que tanto nos aflige y reconfortémonos con jugar un poco juntos”.
(3) ¿Quién puede decir lo que ha pasado entre Jesús y yo en este juego, las finezas de amor, las estratagemas, los besos, las caricias que recíprocamente nos dábamos? Si bien me sobrepasaba mi amado Jesús, porque yo, siendo débil, me sentía desfallecer, tan es verdad, que no pudiendo contener en mí lo que Él me daba he dicho: “Amado mío, basta, basta, que no puedo más, yo desfallezco, mi pobre corazón no es tan grande para ser capaz de recibir tanto, por eso basta por ahora”.
(4) Entonces, queriéndome reprochar mi hablar del otro día, dulcemente me ha dicho:
(5) “Dime tus querellas, dilo, dilo, ¿soy cruel? ¿Mi Amor hacia ti se ha cambiado en crueldad?”
(6) Y yo avergonzándome toda he dicho: “No Señor, no eres cruel cuando vienes, pero cuando no vienes, entonces diré que eres cruel”.
(7) Y Él sonriendo ante mis palabras ha agregado:
(8) “Sin embargo continuas diciendo que cuando no vengo soy cruel, no, no, en Mí no puede haber ninguna crueldad, sino que Todo Es Amor; y debes saber que si es como tú dices, entonces el mismo ser cruel, Es Amor más grande”.
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Volumen 3-17
Diciembre 2, 1899
Elocuente Elogio de La Cruz.
(1) Encontrándome muy afligida por ciertas cosas que no es lícito decir aquí, el amable Jesús, queriéndome aliviar en mi aflicción ha venido con un aspecto todo nuevo, me parecía vestido de color celeste, todo adornado de campanitas pequeñas de oro, que golpeándose entre ellas resonaban con un sonido jamás oído. Ante el aspecto de Jesús y el armonioso sonido me he sentido encantar y aliviar en mi aflicción, que como humo se alejaba de mí. Yo habría permanecido allí, en silencio, tanto me sentía encantar las potencias de mi alma, si el bendito Jesús no hubiese roto mi silencio al decirme:
(2) “Amada hija mía, todas estas campanitas son tantas voces que te hablan de mi amor y que te llaman a amarme. Ahora, déjame ver cuántas campanitas tienes tú, que me hablen de tu amor y que me llamen a amarte”.
(3) Y yo, toda llena de vergüenza le dije: “¡Ah Señor! ¿Qué dices? Yo no tengo nada, no tengo otra cosa que defectos”.
(4) Entonces Jesús compadeciendo mi miseria, continuó diciéndome:
(5) “Tú no tienes nada, es verdad, pues bien, quiero adornarte Yo con mis mismas campanitas, a fin de que puedas tener tantas voces para llamarme y para demostrarme tu amor”.
(6) Así parecía que como una faja adornada de estas campanitas me ceñía la cintura. Después de esto, he quedado en silencio y Él ha agregado:
(7) “Hoy quiero entretenerme contigo, dime alguna cosa”.
(8) Y yo: “Tú sabes que todo mi contento es estar junto Contigo, y teniéndote a Ti lo tengo todo, por eso poseyéndote a Ti, me parece que no tengo otra cosa que desear, ni que decir”.
(9) Y Jesús: “Hazme oír tu voz que recrea mi oído, conversemos un poco juntos, Yo te he hablado tantas veces de la cruz, hoy déjame oírte hablar a ti de la cruz”.
(10) Yo me sentía toda confundida, no sabía que decir, pero Él me ha mandado un rayo de luz intelectual, y para contentarlo he comenzado a decir: “Amado mío, ¿quién te puede decir qué cosa es la cruz?, sólo tu boca puede hablar dignamente de la sublimidad de la cruz, pero ya que quieres que hable yo, está bien, lo hago: La cruz sufrida por Ti me liberó de la esclavitud del demonio y me desposó con la Divinidad con nudo indisoluble; la cruz es fecunda y me pare la gracia; la cruz es luz y me desengaña de lo temporal, y me descubre lo eterno; la cruz es fuego, y todo lo que no es de Dios lo vuelve cenizas, hasta vaciarme el corazón del más mínimo hilo de hierba que pueda estar en él; la cruz es moneda de inestimable precio, y si yo tengo, Esposo Santo, la fortuna de poseerla, me enriqueceré de monedas eternas, hasta volverme la más rica del paraíso, porque la moneda que corre en el Cielo es la cruz sufrida en la tierra; la cruz me hace conocerme más a mí misma, y no sólo eso, sino me da el conocimiento de Dios; la cruz me injerta todas las virtudes; la cruz es la noble cátedra de la Sabiduría increada, que me enseña las doctrinas más altas, sutiles y sublimes; así que sólo la cruz me develará los misterios más escondidos, las cosas más recónditas, la perfección más perfecta escondida a los más doctos y sabios del mundo. La cruz es como agua benéfica que me purifica, no sólo eso, sino que me suministra el nutrimento a las virtudes, me las hace crecer y sólo me deja cuando me conduce a la vida eterna. La cruz es como rocío celeste que me conserva y me embellece el bello lirio de la pureza; la cruz es el alimento de la esperanza; la cruz es la antorcha de la fe obrante; la cruz es aquel leño sólido que conserva y mantiene siempre encendido el fuego de la caridad; la cruz es aquel leño seco que hace desvanecer y poner en fuga todos los humos de soberbia y de vanagloria, y produce en el alma la humilde violeta de la humildad; la cruz es el arma más potente que hiere a los demonios y me defiende de sus garras. Así que el alma que posee la cruz, es de envidia y admiración a los mismos ángeles y santos; de rabia y desdén a los demonios. La cruz es mi paraíso en la tierra, de modo que si el paraíso de allá, de los bienaventurados, son los gozos; el paraíso de acá son los sufrimientos. La cruz es la cadena de oro purísimo que me une Contigo, mi sumo Bien, y forma la unión más íntima que se pueda dar, hasta hacer desaparecer mi ser y me transforma en Ti, mi objeto amado, tanto de sentirme perdida en Ti y vivo de tu misma vida”.
(11) Después que dije esto, (no sé si son desatinos) mi amable Jesús al oírme, todo se complacía y llevado por un entusiasmo de amor, toda me besaba y me ha dicho:
(12) “Bravo, bravo a mi amada hija, has dicho bien. Mi Amor es fuego, pero no como el fuego terreno que dondequiera que penetra todo lo vuelve estéril y reduce todo a cenizas. Mi fuego es fecundo y sólo esteriliza lo que no es virtud, pero a todo lo demás da vida y hace germinar las bellas flores, hace producir los más exquisitos frutos y convierte al alma en el más delicioso jardín celestial.
(13) La Cruz es tan potente y le he comunicado tanta Gracia, que la volví más eficaz que los mismos Sacramentos, y esto porque al recibir El Sacramento de Mi Cuerpo, se necesitan las disposiciones y el libre concurso del alma para recibir Mis Gracias, que muchas veces pueden faltar, pero La Cruz tiene virtud de disponer al alma a La Gracia”.
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Volumen 4-58
Marzo 8, 1901
Jesús le dice que La Cruz lo hizo Conocer como Dios.
Le explica acerca de La Cruz del Dolor y
del Amor.
(1) Continuando mi pobre estado y el silencio de Jesús bendito, esta mañana, encontrándome más que nunca oprimida, al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, no las obras, ni la predicación, ni la misma potencia de los milagros me hicieron conocer con claridad como el Dios que soy, sino cuando fui puesto en la cruz y levantado sobre ella como sobre mi propio trono, entonces fui reconocido como Dios; así que sólo la cruz reveló al mundo y a todo el infierno quién era Yo verdaderamente; entonces todos quedaron sacudidos, y reconocieron a su Creador. Así que es la cruz la que revela a Dios al alma, y hace conocer si el alma es verdaderamente de Dios, se puede decir que la cruz descubre todas las partes íntimas del alma y revela a Dios y a los hombres quién es esta alma”.
(3) Después ha agregado: “Sobre dos cruces Yo consumo a las almas, una es de dolor, la otra es de amor; y así como en el Cielo todos los nueve coros angélicos me aman, sin embargo cada uno tiene su oficio especial, como los Serafines, que su oficio especial es el amor y su coro es puesto más enfrente para recibir las reverberaciones de mi amor, tanto que mi amor y el de ellos saeteándose juntos se acoplan continuamente. Así a las almas sobre la tierra les doy su oficio diferente, a quien la vuelvo mártir de dolor, y a quien de amor, siendo ambos hábiles maestros en sacrificar a las almas y hacerlas dignas de mis complacencias”.
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Volumen 4-17
Octubre 10, 1900
Estos Escritos Manifiestan Claramente al mundo
El Modo Como Jesús Ama a las almas.
El alma sólo puede salir del cuerpo, por fuerza del dolor o del Amor.
(1) Mientras escribía estaba pensando entre mí:
“Quién sabe cuántos desatinos habrá en estos escritos, merecen ser arrojados al fuego, si la obediencia me lo concediera, de buena gana lo haría, porque siento como un enfado en el alma, especialmente si llegaran a ser vistos por alguna persona, ya que en algunos puntos hacen ver como si amara o hiciera alguna cosa por Dios, mientras que no hago nada, no lo amo, y soy el alma más fría que se pueda encontrar en el mundo, y entonces me tendrían en un concepto diferente de lo que soy, y esto es una pena para mí; pero como es la obediencia la que quiere que escriba, siendo esto para mí uno de los más grandes sacrificios, por tanto me entrego toda a ella, con la esperanza cierta que ella me excusará y justificará mi causa ante Dios y ante los hombres”. Pero mientras esto digo, el bendito Jesús se ha movido en mi interior y me está reprochando y quiere que retire lo que he dicho, y si no lo hago no quiere que siga escribiendo. Me está diciendo que al decir esto me he apartado de la verdad, siendo que la cosa más esencial de un alma es el no salir jamás del círculo de la verdad. ¡Cómo! ¿no me amas tú? Con qué intrepidez lo dices, ¿no quieres tú sufrir por Mí?”.
(2) Y yo avergonzándome toda: “Sí Señor”.
(3) Y Él: “Y bien, ¿cómo es que vienes a salirte de la verdad?”
(4) Dicho esto se ha retirado en mi interior, sin hacerse oír más, quedando yo como si hubiera recibido un golpe. ¡Cuántas me hace la señora obediencia, si no fuera por ella no me encontraría en estas luchas con mi amado Jesús!; ¡cuánta paciencia se necesita con esta bendita obediencia!
(5) Ahora, voy a decir lo que debía decir, pues el Señor me distrajo un poco de lo que había comenzado, entonces, al venir el bendito Jesús ha respondido a mi pensamiento diciéndome:
(6) “Seguro que merecen ser quemados estos escritos tuyos, ¿pero quieres saber en cuál fuego? En el fuego de mi amor, porque no hay página en ellos que no manifieste claramente el modo como amo a las almas; tanto si son cosas que se refieren a ti, como si se refieren al mundo; y mi amor en estos tus escritos encuentra un desahogo a mis preocupados y amorosos desfallecimientos”.
(7) Después de esto me ha transportado fuera de mí misma, y encontrándome sola, sin cuerpo, he dicho: “Mi amado y único Bien, qué castigo es para mí tener que regresar tantas veces a mi cuerpo, porque es cierto que ahora no lo tengo, es sólo mi alma la que está junto Contigo; y después, no sé cómo me encuentro aprisionada en mi mísero cuerpo como dentro de una cárcel tenebrosa, y ahí pierdo aquella libertad que me viene dada al salir de él. ¿No es esto un castigo para mí, el más duro que se pueda dar?”
(8) Y Jesús: “Hija mía, no es castigo lo que tú dices, ni por culpa tuya que esto te sucede, más bien debes saber que sólo por dos razones el alma puede salir del cuerpo: Por fuerza del dolor, porque sucede la muerte natural; o por fuerza de amor recíproco entre el alma y Yo, porque siendo este amor tan fuerte, ni el alma aguantaría, ni Yo puedo aguantar mucho sin gozar de ella, por eso la voy atrayendo a Mí, y luego la devuelvo a su estado natural; y el alma más que atraída por un hilo eléctrico va y viene como a Mí me place. He aquí que lo que tú crees castigo es amor finísimo”.
(9) Y yo: “¡Ah Señor, si mi amor fuera bastante y fuerte, creo que tendría la fuerza de subsistir ante Ti, y no estaría sujeta a regresar a mi cuerpo; pero como es muy débil, por eso es que estoy sujeta a estas vicisitudes”.
(10) Y Él: “Más bien te digo que es amor más grande, es extraído del amor del sacrificio, porque por amor mío y por amor de tus hermanos te privas y regresas a las miserias de la vida”.
(11) Después de esto el bendito Jesús me ha transportado a una ciudad, donde eran tantas las culpas que se cometían, que salía como una neblina densísima, maloliente, que se levantaba hacia el cielo; y del cielo descendía otra neblina tupida, y dentro estaban condensados tantos castigos, que parecía que fueran suficientes para exterminar esta ciudad, entonces yo he dicho: “Señor, ¿dónde nos encontramos? ¿Qué lugares son estos?”
(12) Y Él: “Aquí es Roma, donde son tantas las maldades que se cometen, no sólo por los seglares sino también por los religiosos, que merecen que esta niebla los termine de cegar, mereciéndose con ello su exterminio”.
(13) En un instante he visto el estrago que sucedía, y parecía que el Vaticano recibía parte de las sacudidas; no eran librados ni siquiera los sacerdotes, por eso toda consternada he dicho: “Mi Señor, libra a tu ciudad predilecta, a tantos ministros tuyos, al Papa. ¡Oh, de buena gana te ofrezco a mí misma para sufrir sus tormentos, con tal de que los perdones!”
(14) Y Jesús conmovido me ha dicho: “Ven Conmigo y te haré ver hasta donde llega la malicia humana”.
(15) Y me ha transportado dentro de un palacio, y en una habitación secreta estaban cinco o seis diputados y decían entre ellos: “Sólo cederemos cuando hayamos destruido a Los Cristianos”. Y parecía que querían obligar al rey a escribir de su propio puño el decreto de muerte contra Los Cristianos, y la promesa de dejarlos adueñarse de los bienes de éstos, diciéndole que con tal de que consintiera con ellos, él no haría nada, porque no lo harían por ahora, sino que en tiempo y circunstancias oportunas lo habrían hecho. Después de esto me ha transportado a otra parte, y me hacía ver que debía morir uno de aquellos que se dicen jefes, y este tal parecía tan unido con el demonio, que ni siquiera en ese punto se apartaba, toda su fuerza la tomaba de los demonios que lo cortejaban como su fiel amigo. Los demonios al verme se han agitado, y alguno me quería golpear, otro me quería hacer una cosa y otro otra, sin embargo yo, no haciendo caso a sus molestias, porque me importaba más la salvación de aquella alma, me he esforzado y he llegado junto a aquel hombre. ¡Oh Dios, qué vista tan espantosa, más que los mismos demonios! ¡en qué estado tan lamentable yacía él! Más duro que piedra, en nada lo conmovió nuestra presencia, más bien parecía que se burlaba. Jesús enseguida me quitó de ese lugar, y yo empecé a rogarle por la salvación de esa alma.
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Volumen 4-73
Julio 16, 1901
El principio del mal en el hombre.
Diferencia entre El Amor de Jesús y el amor humano.
Para entrar en El Cielo, el alma debe estar toda Transformada En Jesús.
(1) Después de varios días de privación, esta mañana se ha dignado venir transportándome fuera de mí misma. Ahora, encontrándome ante Jesús bendito, veía mucha gente, y los males de la generación presente. Mi adorable Jesús los miraba con compasión y dirigiéndose a mí me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres saber de dónde comenzó el mal en el hombre? El principio es que el hombre en cuanto se conoce a sí mismo, o sea, empieza a adquirir el uso de la razón, se dice a sí mismo: “Yo soy algo”, y creyéndose alguna cosa, se separa de Mí, no se fía de Mí que soy el Todo, y toda la confianza y fuerza la toma de él mismo, y de esto sucede que pierde hasta todo buen principio, y perdiendo el buen principio, ¿cuál será su fin? Imagínalo tú misma hija mía.
(3) Después, separándose de Mí que contengo todo bien, ¿qué puede esperar de bien el hombre, siendo él un océano de mal? Sin Mí todo es corrupción, miseria y sin ninguna sombra de verdadero bien, y esta es la sociedad presente”.
(4) Yo al oír esto sentía tal aflicción que no sabía expresarla, pero Jesús queriéndome consolar me ha transportado a otra parte, y yo encontrándome sola con mi amado Jesús le he dicho: “Dime, ¿me amas?”
(5) Y Él: “Sí”.
(6) Y yo: “No estoy contenta con el sí sólo, quisiera que me explicaras mejor cuánto me amas”.
(7) Y Él: “Es tanto Mi Amor por ti, que no sólo no tiene principio, sino que no tendrá fin, y en estas dos palabras puedes comprender cuán grande, fuerte y constante Es Mi Amor por ti”.
(8) He considerado todo esto por un poco de tiempo, y veía un abismo de distancia entre mi amor y El Suyo, y toda confundida he dicho: “Señor, ¡qué diferencia entre mi amor y El Tuyo! El mío no sólo tiene principio, sino que en el pasado veo vacíos en mi alma de no haberte amado”.
(9) Y Jesús compadeciéndome toda me ha dicho:
(10) “Amada mía, no puede haber igualdad entre El Amor del Creador y el de la criatura; sin embargo hoy te quiero decir una cosa que te será de consolación y que no has entendido: Debes saber que cada alma durante todo el curso de su vida está obligada a amarme constantemente, sin ningún intervalo, y no amándome siempre, quedan en el alma tantos vacíos por cuantos días, horas, minutos ha dejado de amarme, y nadie podrá entrar al Cielo si no ha llenado estos vacíos, y sólo podrá llenarlos, o amándome doblemente el resto de su vida, o si no alcanza los llenará a fuerza de fuego en el purgatorio. Ahora, tú cuando estás privada de Mí, la privación del objeto amado hace duplicar el amor, y con esto vienes a llenar los vacíos que hay en tu alma”.
(11) Después de esto le he dicho: “Dulce Bien mío, déjame ir junto contigo al Cielo, y si no quieres para siempre, al menos por un poco, ¡ah, te lo pido, conténtame!” Y Él me ha dicho:
(12) “¿No sabes tú que para entrar en esa bienaventurada morada el alma debe estar toda transformada en Mí, de manera que debe aparecer como otro Cristo? De otra manera, ¿qué papel harías en medio de los demás bienaventurados? Tú misma tendrías vergüenza de estar junto con ellos”.
(13) Y yo: “Es verdad que soy muy desemejante de Ti, pero si quieres puedes volverme tal”. Entonces para contentarme me encerró toda en Él, de modo que no me veía más a mí misma, sino a Jesucristo, y en este modo nos elevamos hacia el Cielo; llegados a un punto nos hemos encontrado ante una luz indescriptible, delante a aquella luz se experimentaba nueva vida, alegría insólita, jamás sentida, ¡cómo me sentía feliz! más bien me parecía encontrarme en la plenitud de toda la felicidad. Ahora, mientras nos adentramos en esa luz, yo sentía temor, hubiera querido alabarlo, agradecerlo, pero no sabiendo qué decir, he recitado tres Gloria Patri, y Jesús respondía junto conmigo; pero apenas terminadas, como relámpago me he encontrado en la mísera prisión de mi cuerpo. Ah Señor, ¿Cómo es que tan poco ha durado mi felicidad? Parece que es demasiado duro el barro de mi cuerpo, pues se necesita mucho para romperse, e impide a mi alma marcharse de esta miserable tierra. Pero espero que algún golpe impetuoso lo quiera no sólo romper, sino pulverizar, y entonces, no teniendo ya casa donde podernos estar aquí, tengas compasión de mí y me acojas para siempre en La Celestial Morada.
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Volumen 4-100
Enero 11, 1902
El Amor Para Ser Perfecto debe ser triple.
Habla del divorcio.
(1) Esta mañana, habiendo recibido la santa comunión, por un poco he visto a mi adorable Jesús, y yo, en cuanto lo vi le dije: “Dulce Bien mío, dime, ¿continúas amándome?”
(2) Y Él: “Sí, pero soy amante y celoso, celoso y amante, más bien te digo que para ser perfecto el amor debe ser triple, y en Mí hay esta triple condición de amor: Primero, te amo como Creador, como Redentor y como Amante. Segundo, te amo en mi omnipotencia, que me sirvió para crearte y crear todo por amor tuyo, de modo que el aire, el agua, el fuego y todo lo demás te dicen que te amo y que por amor tuyo los hice; te amo como mi imagen, y te amo por ti misma. Tercero, te amo ab eterno, te amo en el tiempo y te amo por toda la eternidad. Y esto no es otra cosa que un aliento que ha salido fuera de mi amor; imagina tú qué será aquel amor que contengo en Mí mismo.
(3) Ahora, tú estás obligada a corresponderme este triple amor, amándome como tu Dios, en el cual te debes fijar toda tú, y no hacer salir nada de ti que no sea amor por Mí, amándome por cuenta tuya y por el bien que a ti te viene, y amarme por todos y en todos”.
(4) Después de esto me ha transportado fuera de mí misma y me he encontrado en medio de muchas personas que decían: “Si se confirma esta ley, pobre mujer, todo le será para mal”. Y todos esperaban con ansia oír el pro o el contra, y se veía en otro lugar apartado que estaban muchas personas discutiendo entre ellas, y uno de estos tomaba la palabra y los hacía callar a todos, y después de haber fatigado mucho ha salido a la puerta y ha dicho: Ciertamente sí, en favor de la mujer. Al oír esto, todos los de afuera hacían fiesta, y los de adentro quedaban todos confundidos, tanto que ni siquiera tenían valor de salir.
(5) Creo que sea esta ley del divorcio que dicen, y yo comprendía que no la confirmaron.
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Volumen 5-27
Octubre 29, 1903
Cuando el alma tiene en sí misma impreso El Fin de La Creación,
Jesús le Corresponde dándole parte de La Felicidad Celestial.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús se hacía ver en mi interior, como si se hubiese encarnado en mi misma persona, y mirándome ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando veo en el alma impreso el carácter del fin de mi Creación, sintiéndome satisfecho de ella, porque veo cumplida muy bien la obra creada por Mí, me siento en deber, esto es, no deber, ha agregado rápidamente, porque en Mí no hay deberes, sino que mi deber es un amor más intenso de corresponderla, anticipando para ella parte de la felicidad celestial, esto es, manifestando a su inteligencia el conocimiento de mi Divinidad, y atrayéndola con el alimento de las verdades eternas; a su vista recreándola con mi belleza; a su oído haciendo resonar la suavidad de mi voz; a la boca con mis besos; al corazón los abrazos y todas mis ternuras, y esto corresponde al fin de haberla creado, el cual es: Conocerme, amarme, servirme”.
(3) Y ha desaparecido.
(4) Entonces yo, encontrándome fuera de mí misma, veía al confesor y le decía lo que el bendito Jesús me ha dicho; le preguntaba si estaba en lo correcto, y me decía: “Sí”. No sólo esto, sino que añadía que se conocía bien el hablar Divino, porque cuando habla Dios y el alma lo relata, el que escucha no sólo ve la verdad de las palabras, sino que siente en su interior una emoción que sólo el Espíritu Divino posee.
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Volumen 5-24
Octubre 24, 1903
Imagen de La Iglesia.
(1) Habiendo dicho al confesor mis temores de que no fuera Voluntad de Dios mi estado, y que al menos como prueba quisiera tratar a esforzarme en salir, y ver si lo conseguía o no. Y el confesor, sin poner su acostumbrada dificultad ha dicho: “Está bien, mañana probarás”.
(2) Entonces yo he quedado como si hubiera sido liberada de un peso enorme. Ahora, habiendo oído la santa misa y recibido la comunión, en cuanto he visto a mi adorable Jesús en mi interior que me miraba fijamente, con las manos juntas, en acto de pedir piedad y ayuda. Y en ese momento me he encontrado fuera de mí misma, dentro de una estancia donde estaba una mujer majestuosa y venerable, pero gravemente enferma, dentro de un lecho con la cabecera tan alta que casi tocaba el techo; y yo era obligada a estar encima de esta cabecera en brazos de un sacerdote para tenerla firme, y mirar a la pobre enferma. Entonces yo, mientras estaba en esta posición, veía a unos pocos religiosos que rodeaban y daban cuidados a la paciente, y con profunda amargura decían entre ellos: “Está mal, está mal, no se necesita otra cosa que una pequeña sacudida”. Y yo pensaba en tener firme la cabecera del lecho por temor de que moviéndose el lecho pudiese morir. Pero viendo que la cosa iba para largo y casi fastidiándome del mismo ocio, decía a aquel que me tenía, por caridad, bájame, no estoy haciendo ningún bien, ni dando ninguna ayuda, ¿en qué aprovecha el estarme así inútil?, si bajo al menos puedo servirla, ayudarla”.
(3) Y aquél: “¿No has oído que aun con una pequeña sacudida puede empeorar y sucederle cosas tristísimas? Así que si tú desciendes, no habiendo quien mantenga firme el lecho puede incluso morir”.
(4) Y yo: “¿Pero puede ser posible que haciendo sólo esto le pueda venir este bien? Yo no lo creo, por piedad bájame”. Entonces, después de haber repetido varias veces estas palabras, me ha bajado al piso, y yo sola, sin que ninguno me detuviera me he acercado a la enferma, y con sorpresa y dolor veía que el lecho se movía. A aquellos movimientos se le ponía lívida la cara, temblaba, aparecía el estertor de la agonía. Aquellos pocos religiosos lloraban y decían: “No hay más tiempo, está ya en los momentos extremos”. Después entraban personas enemigas, soldados, capitanes para golpear a la enferma, y aquella mujer moribunda se ha levantado con intrepidez y majestad para ser llagada y golpeada. Yo al ver esto temblaba como una caña y decía entre mí: “He sido yo la causa, yo he dado el empujón para que sucediera tanto mal”. Y comprendía que aquella mujer representaba la Iglesia enferma en sus miembros, con tantos otros significados que me parece inútil explicar, porque se comprende leyendo lo que he escrito. Entonces me he encontrado en mí misma y Jesús en mi interior ha dicho:
(5) “Si te suspendo para siempre, los enemigos comenzarán a hacer derramar sangre a Mi Iglesia”.
(6) Y yo: “Señor, no es que no quiera estar, el Cielo me guarde que yo me aleje de tu Voluntad aun por un abrir y cerrar de ojos, sólo que si quieres me estaré, si no quieres me quitaré”.
(7) Y Él: “Hija mía, apenas el confesor te ha liberado, esto es, cuando te dijo: “Está bien, mañana probamos”. El nudo de víctima se ha soltado, porque sólo el adorno de la obediencia es lo que constituye la víctima, y jamás la aceptaría por tal sin este adorno, aun a costa, si fuese necesario, de hacer un milagro de mi omnipotencia para dar luz a quien dirige, para hacer dar esta obediencia. Yo sufrí, sufrí voluntariamente, pero quien me constituyó víctima fue la 328 obediencia a mi amado Padre, que quiso adornar todas mis obras, desde la más grande hasta la más pequeña con el adorno honorífico de la obediencia”.
(8) Mas tarde encontrándome en mí misma, sentía temor de tratar de salir, pero después me las arreglaba diciendo: “Debía pensar quien me ha dado la obediencia, y además, si el Señor lo quiere, yo estoy dispuesta”.
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Volumen 5-25
Octubre 25, 1903
El alma en Gracia Enamora a Dios
(1) Llegando la hora de mi habitual estado, pensaba entre mí, que si el Señor no venía debía intentar esforzarme al menos para ver si lo lograba. Entonces primero resultaba, pero después ha venido mi adorable Jesús y me hacía ver que cuando yo pensaba en estarme, Él se acercaba y me encadenaba a Sí, de modo que yo no podía; pero cuando pensaba en quitarme, Él se alejaba y me dejaba libre; de modo que podía hacerlo, así que no me sabía decidir y decía entre mí: “Cómo quisiera ver al confesor para preguntarle qué cosa debo hacer”. Entonces, poco después he visto al confesor junto con Nuestro Señor y rápido he dicho: “Dime, ¿debo estar, sí o no?” Y mientras esto decía veía en el interior del confesor que había retirado la obediencia que me había dado el día anterior, entonces me decidí a estarme, pensando entre mí que si fuera verdad que había retirado la obediencia, estaba bien; pero si era mi fantasía que esto veía, mientras podía ser falso, cuando el confesor viniera entonces se pensaría, pudiendo probar otro día, y así me he tranquilizado. Después, continuando a hacerse ver, el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija Mía, la belleza del alma en gracia es tanta, de enamorar al mismo Dios, los ángeles y los santos quedan asombrados al ver este prodigioso portento, de un alma aún terrenal poseída por la gracia, ante la fragancia del olor celestial le corren en torno, y con sumo placer encuentran en ella a aquel mismo Jesús que los beatifica en el Cielo, de modo que para ellos es indiferente tanto estar arriba en el Cielo, como acá abajo junto a esta alma. ¿Pero quién mantiene y conserva este portento, dándole continuamente nuevas tintas de belleza al alma que vive en mi Voluntad? ¿Quién quita cualquier herrumbre e imperfección y le suministra el conocimiento del objeto que posee? Mi Voluntad. ¿Quién consolida, establece y la hace quedar confirmada en la gracia? Mi Voluntad. El vivir en mi Querer es todo el punto de la Santidad, y da continuo crecimiento de gracia. Pero quien un día hace mi Voluntad, y otro la suya, jamás quedará confirmado en la gracia, no hace otra cosa que crecer y decrecer; y esto cuánto mal acarrea al alma, de cuánta alegría priva a Dios y a sí misma. Es imagen de quien hoy es rica y mañana pobre, no quedará confirmada ni en la riqueza ni en la pobreza, por lo tanto no se puede saber dónde irá a terminar”.
(3) Dicho esto ha desaparecido, y poco después ha venido el confesor y habiendo dicho lo que he escrito, me ha asegurado que verdaderamente había retirado la obediencia que me había dado.
(4) Para obedecer al confesor regreso a decir los otros significados que comprendí el día 24 del corriente: La mujer representaba la Iglesia que estando enferma, no en sí misma sino en sus miembros, y si bien abatida y ultrajada por los enemigos, y enferma en sus mismos miembros, jamás pierde su majestad y veneración; de la cama donde se encontraba, comprendía que la Iglesia mientras parece oprimida, enferma e impedida, también reposa con un reposo perpetuo y eterno, y con paz y seguridad en el seno paterno de Dios, como un niño en el seno de su propia madre; el respaldo del lecho que tocaba el techo, comprendía que era la protección divina que asiste siempre a la Iglesia, y que todo lo que ella contiene, todo ha venido del Cielo: Sacramentos, doctrina y todo lo demás, todo es celestial, santo y puro, de modo que entre el Cielo y la Iglesia hay continua comunicación, jamás interrumpida. En los pocos religiosos que prestaban cuidados, asistencia a la mujer, comprendía que pocos son aquellos que a capa y espada defienden a La Iglesia, teniendo como propios los males que recibe, la recámara donde estaba, compuesta de piedras, representaba la solidez y firmeza y también la dureza de la Iglesia para no ceder a ningún derecho que le pertenece. La mujer moribunda que con intrepidez y coraje se hace golpear por los enemigos, representaba la Iglesia, que mientras parece que muere, entonces resurge más intrépida, ¿pero cómo? Con los sufrimientos y el derramamiento de sangre, verdadero espíritu de la Iglesia, siempre pronta a las mortificaciones, como lo estuvo Jesucristo.
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Volumen 6-92
Febrero 8, 1905
Características de Los Hijos de Dios:
Amor a La Cruz, Amor a La Gloria de Dios,
y Amor a La Gloria de La Iglesia.
(1) Continuando mi pobre estado de privaciones y de amargura indecible, a lo más se hace ver en silencio, y esta mañana me ha dicho:
(2) “Hija mía, las características de Mis Hijos son:
Amor a la cruz, Amor a la gloria de Dios, y amor a la gloria de la Iglesia, hasta exponer la propia vida. Quien no tiene estas tres características, en vano se dice mi hijo; quien se atreve a decirlo es un embustero y traidor, que traiciona a Dios y a sí mismo. Mira un poco en ti si las tienes”. Y ha desaparecido.
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Volumen 6-114
Mayo 30, 1905
La Vida de Amor de Jesús.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba diciendo:
“Señor, ¿Qué Quieres de mí? Manifiéstame Tu Santa Voluntad”.
(2) Y Él: “Hija mía, te quiero toda en Mí, a fin de que pueda encontrar todo en ti. Así como todas las criaturas tuvieron vida en mi Humanidad, y satisfice por todas, así estando toda en Mí, me harás encontrar a todas las criaturas en ti, es decir, unida Conmigo me harás encontrar en ti la reparación por todos, la satisfacción, el agradecimiento, la alabanza, y todo lo que las criaturas están obligadas a darme. El amor, además de la Vida Divina y humana me suministró la tercera vida, que me hizo germinar todas las vidas de las criaturas en mi Humanidad, es esta vida de amor, y que mientras me daba vida, me daba muerte continua, me hería y me fortalecía, me humillaba y me ensalzaba, me amargaba y me endulzaba, me atormentaba y me daba delicias. ¿Qué cosa no contiene esta vida de amor infatigable y dispuesta a cualquier cosa? Todo, todo en ella se encuentra, su vida es siempre nueva y eterna. ¡Oh! Cómo quisiera encontrar en ti esta vida de amor para tenerte siempre en Mí, y encontrar todo en ti”.
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Volumen 7-9
Marzo 13, 1906
Si el alma no puede estar sin Jesús,
es señal que ella es necesaria a Su Amor.
(1) Esta mañana, el bendito Jesús no venía, y yo decía entre mí: “Señor,
¿no ves como siento que me falta la vida? Siento tanta necesidad de Ti, que si Tú no vienes siento que se destruye mi ser, no me niegues lo que me es absolutamente necesario; no te pido besos, caricias, favores, sino sólo lo que me es de necesidad”. Mientras esto decía me he encontrado toda absorbida en Él, de tal manera perdido todo mi ser, que no podía hacer ni ver otra cosa que lo que hacía y veía Él mismo. Me sentía dichosa, feliz, todas mis potencias adormecidas, como uno que va al fondo del mar, donde todo es agua, y si hace por mirar, mira el agua; si habla, el agua le impide la palabra y le entra hasta las vísceras; si quiere oír, sólo el murmullo de las aguas le entra por las orejas, con esta diferencia, que en el mar hay peligro de perder la vida, y no se siente ni dichosa ni feliz, en cambio en Dios se readquiere la Vida Divina, la felicidad y bienaventuranza. Entonces el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, si tú no puedes estar sin Mí, y tanto te soy necesario, es señal de que tú eres necesaria a mi amor, porque según uno se vuelve necesario a otro, es señal que aquél es necesario al otro; por eso, si bien alguna vez parece que no debo venir y tú te fatigas, y veo la necesidad que tienes de Mí, y según crece en ti la necesidad, crece también en Mí, y digo entre Mí: Voy a ella a tomar este alivio a mi Amor, y es por eso que después de que te has fatigado, Yo vengo”.
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Volumen 7-20
Junio 15, 1906
Toda la Vida Divina Recibe Vida del Amor.
(1) Después de haber esperado mucho, mi bendito Jesús ha venido como relámpago y me ha dicho:
(2) “Hija mía, toda La Vida Divina, se puede decir que recibe vida del Amor: El Amor la hace generar, El Amor la hace producir, El Amor la hace crear, El Amor la hace conservar y da continua vida a todas sus operaciones, así que si no tuviera Amor, no obraría y no tendría vida. Ahora, las criaturas no son otra cosa que chispas salidas del gran fuego de Amor Dios, y su vida recibe vida y actitud de obrar de esta chispa, así que también la vida humana recibe vida del Amor; pero no todos se sirven de ella para Amar, para obrar lo bello, lo bueno, para todo su obrar, sino que transformando esta chispa la usan: Quién para amarse a sí mismo, quién a las criaturas, quién a las riquezas, y quién hasta a las bestias, todo esto con sumo desagrado de su Creador, que habiendo hecho salir estas chispas de su gran fuego, anhela recibirlas todas de nuevo en Sí, pero más engrandecidas, como otras tantas imágenes de su Vida Divina. Pocos son aquellos que corresponden a la imitación de su Creador. Por eso Amada Mía Ámame y haz que también tu respiro sea un continuo acto de Amor para Mí, para hacer que de esta chispita se pueda formar un pequeño incendio, y así dar desahogo al Amor de tu Creador”.
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Volumen 7-74
Enero 5, 1907
La Verdadera Santidad consiste
en recibir como
Especialidad de Amor Divino
todo aquello que nos pueda suceder.
(1) Habiendo leído que un alma hacía escrúpulo de todo y temía que todo fuera pecado, estaba pensando en mí misma: “Y yo, cómo soy liberal, quisiera pensar también yo que todo fuera pecado para estar más atenta a no ofender al Señor”. Entonces, viniendo el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, estas son tonterías, y el alma con esto queda detenida en el camino de la santidad, mientras que la verdadera y estable santidad consiste en recibir como especialidad de amor divino todo lo que le pueda suceder y todo lo que pueda hacer, aunque sea la cosa más indiferente, como sería el recibir un alimento agradable o desagradable; Especialidad de Amor en el agradable, pensando que Jesús produce aquel gusto en el alimento, porque la ama tanto, hasta darle gusto aun en las cosas materiales; Especialidad de Amor en el desagradable, pensando que la ama tanto que le ha producido aquel desagrado para semejarla a Él en la mortificación, dándole Él mismo una monedita para ofrecérsela a Él; Especialidad de Amor Divino si es humillada, si es exaltada, si está sana, si está enferma; si es pobre o rica; Especialidad de Amor el respiro, la vista, la lengua, todo, todo, y así como todo, todo lo debe recibir como Especialidad de Amor Divino, así ella debe dar de nuevo todo a Dios como un especial Amor suyo, así que debe recibir la ola del Amor de Dios, y debe dar a Dios la ola de su Amor. ¡Oh! Qué baño santificante es esta ola del Amor, la purifica, la santifica y la hace progresar sin que ella misma lo advierta; es más vida de Cielo que de tierra. Es esto lo que quiero Yo de ti; el pecado, el pensamiento del pecado no debe existir en ti”.
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Volumen 8-18
Noviembre 21, 1907
Amor y Unión que hay Entre Creador y criatura.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba uniéndome con Nuestro Señor, haciendo uno solo su pensamiento, su latido, su respiro y todos sus movimientos con los míos, y ponía la intención de ir a todas las criaturas para dar a todas todo esto, y como estaba unida a Jesús en el huerto de los olivos, daba también a todos y a cada uno, y aun a las almas purgantes, todas sus gotas de sangre, sus oraciones, sus penas y todo el bien que Él hizo, a fin de que todos los respiros, los movimientos, los latidos de las criaturas quedasen reparados, purificados, divinizados, y la fuente de todo bien, la cual son sus penas, fueran remedio para todos. Mientras esto hacía, el bendito Jesús en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, con estas intenciones tuyas me hieres continuamente, y como las haces frecuentemente, una flecha no espera a la otra y siempre quedo herido de nuevo”.
(3) Y yo he dicho: “¿Cómo puede ser posible que quedes herido y te escondes y me haces penar tanto en esperar tu venida? ¿Éstas son las heridas, esto es lo mucho que me quieres?”
(4) Y Él: “Más bien no he dicho nada de todo lo que debería decirte, y el alma misma no puede comprender, mientras es viadora, todo el bien y el amor que corre entre las criaturas y el Creador, porque su obrar, el hablar, el sufrir, está todo en mi Vida, porque sólo haciéndolo así puede disponer para bien de todos. Sólo te digo que cada pensamiento tuyo, latido y movimiento, cada miembro tuyo, cualquier hueso tuyo sufriente, son tantas luces que salen de ti, que tocándome a Mí las difundo para bien de todos, y Yo te mando triplicadas tantas otras luces de gracia, y en el Cielo te las daré de gloria. Basta decirte que es tanta la unión, la estrechez que hay, que el Creador es el órgano y la criatura el sonido; el Creador es el sol, la criatura los rayos; el Creador la flor, la criatura el olor; ¿puede estar acaso el uno sin el otro? Ciertamente que no. ¿Crees tú que no tengo cuenta de todo tu trabajo interno y de tus penas? ¿Cómo puedo olvidarlas si salen de Mí mismo, y son una sola cosa Conmigo? Agrego aún que cada vez que se hace memoria de mi Pasión, siendo ésta un tesoro expuesto para bien de todos, es como si el alma pusiera este tesoro en el banco para multiplicarlo y distribuirlo para bien de todos”.
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Volumen 8-56
Diciembre 27, 1908
El te amo de la criatura
Es Correspondido con el Te Amo del Creador.
(1) Estaba meditando en el momento cuando la Reina Mamá daba la leche al niño Jesús y decía entre mí: “¿Qué podía pasar entre la Mamá Santísima y el pequeño Jesús en este acto?” En este momento lo sentí moverse en mi interior, y oí que me decía:
(2) “Hija mía, cuando chupaba la leche del pecho de mi dulcísima Madre, unido a la leche chupaba el amor de su corazón, y era más amor que chupaba que leche; y Yo como en aquellas chupadas oía decirme: “Te amo, te amo, ¡oh, Hijo!”. Yo le repetía a Ella: “Te amo, te amo, ¡oh, Mamá!”. Y no era Yo solo el que lo decía, a mi te amo, el Padre y el Espíritu Santo, la Creación toda, los ángeles, los santos, las estrellas, el sol, las gotas de agua, las plantas, las flores, los granitos de arena, todos los elementos corrían junto a mi te amo y repetían: “Te amamos, te amamos oh Madre de nuestro Dios en el amor de nuestro Creador”.
(3) Mi Madre veía todo esto y quedaba inundada, no encontraba ni siquiera un pequeño espacio en el que no oyera decirse que Yo la Amaba; su Amor quedaba atrás y casi solo, y repetía: “Te Amo, Te Amo”. Pero jamás podía igualarme, porque el amor de la criatura tiene sus límites, su tiempo; Mi Amor es increado, interminable, eterno. Y esto sucede a cada alma, cuando me dice te amo también Yo le repito Te Amo, y Conmigo está toda la Creación para Amarla en Mi Amor. ¡Oh, si las criaturas comprendieran cual es el bien, el honor que se procuran con sólo Decirme te amo!, bastaría que supieran sólo esto, que un Dios a su lado, honrándolas, les responda: También Yo Te Amo”.
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FIAT / La llamada de Dios a la criatura a la vocación del amor.
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